El poder de uno mismo y de los demás

Abel Pérez Rojas

 “Hay situaciones que sólo son de uno mismo, de nadie más”

 

Gran parte de la capacidad que tienen las personas para transformarse a sí mismas y a su entorno, radica en la toma de consciencia de su yoidad y de la otredad, de tal manera que concentrarse en ello detona potencialidades que de otra manera permanecerían latentes.

Hace unos días tracé un hiperbreve poético minimalista titulado Cosas de uno, que en lo personal me dejó muy satisfecho por la oportunidad que me di de reflexionar en pocas palabras sobre cuestiones profundas.

A continuación, con motivo de la petición que me hiciera mi compañera de micrófonos, la brillante Graciela Palma Salas, te comparto las líneas que escribí y que traigo a colación para continuar pensando en torno a ello.

Aquí Cosas de uno:

 

Hay cosas de uno

que no son de dos,

ni de tres,

ni de cuatro,

sólo de uno.

 

Aclaro que no pretendo explicar el poema porque es quitar la oportunidad de que el lector detone significados e interpretaciones que seguramente ni siquiera al autor le pasan por la mente. Hago esto con la intención de aportar más elementos para continuar el ejercicio introspectivo.

Es evidente que el uno como número comparte un simbolismo similar al punto; simbolizan el punto de partida, el punto sobre el cual se desarrollarán los demás puntos para trazar líneas y a partir de los cuales se levanta el resto de cualquier construcción, aún las más grandiosas y majestuosas.

El uno como suma de sí mismo está presente en el resto de los números, sin embargo, tanto el uno visto como individualidad, así como el resto de los números, tienen sus propias propiedades que les hacen diferentes, no obstante que comparten la misma naturaleza numérica.

Parece simple y evidente que el uno no es el dos, ni el tres, ni el cuatro, ni cualquiera de los subsecuentes; en ese sentido hay cosas o propiedades del uno que son sólo del uno.

Eso mismo pasa con los individuos.

Todas las personas, en tanto individuos, tienen asuntos, búsquedas, satisfacciones e inquietudes que les son propias y exclusivas, en una esfera en la cual nadie puede ingresar ni sustituir al otro, de tal manera que esas son las cosas de “sólo uno”.

Por ejemplo, sólo cada quien encara por sí mismo y a su manera la pérdida de un ser querido, la paternidad, la fortuna y el infortunio, etc.

Sólo uno puede vivir su propia vida y se equivoca rotundamente cuando en cierta forma permite que los demás “vivan la vida” que le corresponde vivir a cada quien.

Es en ese sentido que, si dejamos nuestra existencia en las manos de otros, renunciamos a la oportunidad de desarrollarnos por sí mismos.

¿O no acaso la vida se trata de vivirla por sí mismo?

En esa intimidad de vivir la vida propia es en donde se gestan las mujeres y hombres libres y soberanos.

Las cosas de uno o del uno son las cosas del punto, del inicio, del arranque, del inicio del trazo de la construcción.

Uno no es multitud, aunque están íntimamente ligados el yo con el nosotros.

La multitud sí es uno como conjunto, y en la medida que el colectivo hace consciente las virtudes individuales de sus integrantes, potencia la suma de todos los unos que la conforman.

Parece un juego de palabras que no nos lleva a nada, pero no es así.

Detenerse a pensar en todo ello nos nutre, nos hace pensar sobre las riquezas latentes humanas que conviven con nosotros y que nos potencian en la medida que las hacemos visibles.

Vive tu individualidad, poténcialízate y regocíjate en los asuntos íntimos y propios para que puedas lograr un mejor desarrollo en comunidad.

En fin, como te dije, hay cosas de uno, sólo de uno.

 

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