“Madrazo amigo”, fríamente calculado

Por Valentín Varillas

 

No, no existe ningún error editorial en la más reciente publicación de la revista Proceso.

Quienes piensen que hay una “falla” al momento de convertir una opinión personal de un entrevistado en un titular de portada, se equivocan rotundamente.

La jugada es de varias bandas y pretende enviar un mensaje directo y concreto al presidente electo y su círculo más íntimo.

Los emisores son de casa y pertenecen al sector de los moderados dentro del equipo de Andrés Manuel López Obrador.

Entre ellos, destacan Alfonso Romo, próximo jefe de la oficina del presidente, Carlos Manuel Urzúa, quien despachará en la Secretaría de Hacienda y por supuesto Julio Scherer García, socio de la revista Proceso, además de estratega político y mediático del famoso Peje.

¿La razón del golpe?

Una aparente molestia por la forma en la cual el presidente electo y “los duros” sortearon el tema de la consulta ciudadana sobre le nuevo aeropuerto.

Y es que, Romo, Urzúa y Scherer, fueron parte de un selecto grupo de cabilderos, elegidos por el propio López Obrador, que recibieron la encomienda de reunirse con la crema y nata del sector empresarial nacional, directamente o no implicada en el tema de la terminal aérea de Texcoco, con el objetivo de darles certezas en torno a lo que será la tónica de la relación con el nuevo gobierno federal.

Sin darles garantías explícitas de que el proyecto del NAICM continuaría tal y como venía llevándose a cabo, los hombres del dinero que atendieron a estas reuniones entendieron que recibirían señales concretas, en el sentido de que se darían las condiciones necesarias para generar inversión productiva en el próximo sexenio.

Al final no fue así.

La manera en la cual se tomó la decisión sobre el tema, preocupó mucho, tanto en la forma como en el fondo.

Echar a andar toda una puesta en escena para disfrazar una decisión tomada de ejercicio democrático y ciudadano, caló hondo en el sector empresarial nacional y puso en ridículo a la triada de personajes que fueron designados para acercarse a ellos.

En este contexto se ideó la portada del domingo.

Una portada que estira la liga, pero que no la rompe, al tratarse simplemente de la declaración de un entrevistado “sacada de contexto” y no de la postura editorial de la revista.

Existe una diferencia monumental entre ambos, aunque el mensaje, sin duda, ha sido ya enviado.

Por cierto, el tema de Proceso es también una probadita de lo que seguramente será la política de medios y la relación del próximo gobierno con quienes se atrevan a criticar, con o sin fundamento.

El panorama luce oscuro en materia de libertades, nada diferente a los que hemos vivido en los terribles sexenios de presidentes emanados del PRI y el PAN.

Quien se atreva a criticar al nuevo tlatoani, no cabe dentro de la cuarta transformación.

En su lógica, 30 millones de votos pretenden ser sinónimo de infalibilidad.

 

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