22-09-2021 02:38:20 AM

Los damnificados de Blanca

Por: Valentín Varillas

Un par de personajes que le hubieran resultado muy útiles a Blanca Alcalá en el diseño y la operación de estrategias encaminadas a la obtención de votos, han sido relegados de manera radical de su campaña.

El primero es el exdelegado del CEN en Puebla Ismael Hernández Deras; el otro, Víctor Manuel Giorgana.

En el caso de Herández Deras, en su paso por el estado demostró que conoce bien el arte de maximizar el desempeño electoral de casos extremos que en el papel parecen perdidos.

En buena medida, él fue quien se echó al hombro la responsabilidad de llevar al PRI poblano a buen puerto en las elecciones federales del 2015.

En el presupuesto electoral de Casa Puebla, cacareado hasta la saciedad por el aparato propagandístico oficial –público y privado-, se jactaban de que con facilidad obtendrían un triunfo por “madriza”, que inclusive fue pronosticado en niveles de 14-2 a favor de los candidatos del gobernador Moreno Valle.

No fue así.

Chignautla recibe a Alcalá

Al final, el empate en distritos (8-8) dejó un sabor de triunfo en las filas del tricolor ya que le pudieron arrebatar a los candidatos oficiales 3 de los 4 distritos con cabecera en Puebla capital, un supuesto bastión panista que llevaba además a candidatos como Ángel Trauwitz, su suplente Cabalán Macari, Xavier Albizuri y Angélica Ramírez, consentidos absolutos del régimen y quienes en teoría no podían perder.

A pesar de que resultaron ser pésimos abanderados y de haber realizado penosas y catastróficas campañas, se pensaba que con la capacidad de operación del dinero oficial y la movilización de estructuras, ganarían fácilmente.

El coraje en la oficina principal de Casa Puebla fue de antología, aunque se pretendió minimizar en la siempre optimista y poco realista retórica oficial.

El buen desempeño del PRI en ese proceso no sirvió para que a Hernández Deras le reiteraran la confianza.

Las razones reales de su salida tienen que ver con una aparente cercanía a Mario Marín, sin embargo, quienes bloquearon su permanencia son las mismas mentes brillantes que avalaron la presencia del exgobernador en los primeros eventos políticos de Alcalá, lo que generó que su imagen haya quedado irremediablemente ligada a la del “innombrable”.

El caso de Giorgana es peor.

Se supone que en términos de la relación de la candidata había cercanía y hasta cariño.

Quien fuera el encargado de operar la política social en el trienio de Blanca, con resultados desastrosos, es en cambio un hábil operador electoral.

Contra todo pronóstico, logró ganar en la mesa la diputación local por el distrito número 16 con cabecera en Puebla capital, en una elección en donde los candidatos del morenovallismo arrasaron.

Si bien el triunfo lo decretó el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, su mérito fue haber cerrado de tal forma la contienda que la pudo amarrar en tribunales.

Jugó a su favor el minucioso recuento de las irregularidades documentadas en campaña, que sirvieron para el TEPJF le corrigiera la plana al órgano electoral local.

La receta la repitió en el 2015 ganando el distrito 12 también con cabecera en la ciudad de Puebla, lo que demuestra que sabe vencer a los candidatos oficiales en contiendas en donde no le dan la menor oportunidad.

Hoy, por un tema de celos, Giorgana tiene nulo peso específico en la toma de decisiones al interior de la campaña y no se toman en cuenta las acciones que llevó a cabo para ganar en 2013 y 2015 a la aplanadora del gobernador.

Raros, muy raros los criterios con los que se maneja el equipo de la candidata.

Los puestos de mando no operan ni dan resultados.

Otros, desde fuera, parecen más interesados en la propia candidata que los que en teoría son sus “más cercanos”.

40 días para renovarse o morir, pero juran que si en una semana no se da un giro radical en las acciones a tomar, no habrá ya más nada que hacer.

okvale

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