10-07-2020 07:40:19 AM

Maldonado, el tufo de la traición

Por: Valentín Varillas

Poco antes de la elección 2015, a pesar de tener amarrada una curul en el congreso federal por la vía uninominal y ya con la encomienda única de operar al interior del PRD los intereses del gobernador Rafael Moreno Valle, Luis Maldonado tocó varias puertas de supuestos “aliados” insertados en posiciones de cierta importancia del gobierno federal para pedirles chamba.

Así como lo lee.

Juran los enterados que el peregrinar fue largo y tortuoso y que en su andar tuvo que enfrentar situaciones francamente penosas.

En ocasiones, los lugares designados para los encuentros eran absolutamente atípicos y marginales en aras de cuidar la discreción y operar con un sigilo que resultaba conveniente para ambas partes.

El rechazo fue generalizado, aunque en la mayoría de los casos se cumplieron con cabalidad con los postulados de la cortesía política.

Las contundentes negativas intentaban ser suavizadas con el ya famoso “déjame ver” o el tradicional “márcame en un par de semanas”.

Las reuniones, sobra decirlo, fueron únicas e irrepetibles.

Jamás hubo una segunda.

Uno de los muchos que atestiguaron el carrusel de citas, asegura que Maldonado empezó su estrategia de fuga de las filas del morenovallismo “tirando alto”, es decir, buscando cargos de buen nivel y que ha medida que le fueron dando con la puerta en la nariz, sus expectativas se cayeron con la misma intensidad que la paridad peso-dólar.

Cuentan que el último punto de la gira, el lugar en donde el novel perredista jugó su resto fue en el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en donde de plano no encontraron nada para él (¿habrán siquiera buscado?).

Todo lo anterior, a simple vista parece difícil de creer.

¿Por qué querría este personaje de la picaresca política nacional abandonar una posición de privilegio como la diputación federal, con la presidencia de una de las comisiones legislativas más importantes en la bolsa, para buscar un derrotero distinto en su futuro político?

Impensable dejar a un lado la promesa de un supuesto cargo de primer nivel de concretarse el proyecto presidencial de Rafael Moreno Valle, como generoso pago a la operación del perredismo nacional y garantizar la conformación de la alianza en Puebla, en su lógica laboratorio de un muy probable escenario nacional en el 2018.

Me dicen las malas lenguas –por lo regular las más y mejor informadas- que en realidad, Luis Maldonado jamás tuvo confianza en las posibilidades reales de que ese proyecto presidencial cuajara.

Que su pronóstico para las federales del año pasado era muy poco optimista de cara a la obtención de un resultado ampliamente favorable para los intereses del gobernador.

Que jamás fue bien recibido por las tribus perredistas con las que nunca se sintió en confianza -ni siquiera la de los Chuchos (Nueva Izquierda), que fue la que le abrió las puertas del partido- lo que generó su estrepitoso fracaso al momento de amarrar la coalición.

Maldonado

Y lo peor, el escenario que Maldonado adelanta –siempre en corto- para la minigubernatura, es de plano muy sombrío para el candidato del mandatario poblano.

Ahora se entiende la urgencia por salir de un barco que él mismo considera que va en franca picada.

El problema es que nunca, jamás le dijo a su jefe y supuesto amigo lo que realmente pensaba y cómo veía los distintos escenarios en donde operaba.

Siempre, invariablemente, prefirió contarle la historia que quería escuchar.

Vaya concepto de lealtad.

Otros intentos de “fuga”

Por cierto, no es la primera vez que, quien fue considerado en su momento como parte del círculo más cercano a Moreno Valle, intenta abandonarlo en momentos clave.

Después de la victoria de Enrique Peña Nieto en las presidenciales del 2012, echó mano de sus relaciones con el priismo nacional.

Alguien le dijo que podría colarse a algún cargo educativo.

Que si José Narro dejaba la UNAM y se integraba a la SEP, había una subsecretaría lista para él.

Si no, la dirección del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT).

Llama la atención que, el principal promotor de Maldonado Venegas para integrarse al gabinete de Peña era el poderosísimo arzobispo Antonio Chedraui, líder de la Iglesia Ortodoxa de México, quien cabildeó noche y día a favor de un personaje al que considera como su “amigo entrañable”.

En esta historia contrastaba el cariño que Chedraui le tenía (tiene) a Maldonado, con el odio que en ese momento sentía por el gobernador de Puebla.

Después, intentó a toda costa llegar a la dirigencia nacional de Nueva Alianza, en un intento desesperado por salir de Puebla.

Jamás contó con que, con Elba Esther en la cárcel, el Panal estaría obligado a jugar las cartas del presidente a cambio de no seguir jalando el hilo de la madeja y encontrar más cómplices de la maestra en el descarado desvío de recursos del SNTE.

Maldonado no fue siquiera considerado con seriedad a pesar de su supuesta cercanía con “importantes liderazgos magisteriales”.

Después del ridículo que hizo con la operación y manejo político del caso Chalchihuapan, el PRD parecía el único destino posible para darle una salida medianamente digna.

Fracasó en la única tarea que se le dio: amarrar a como diera lugar la alianza con el PAN.

abajovale

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