31-07-2021 11:37:38 PM

El día que Alcalá casi rompe con el PRI

Por: Valentín Varillas

Blanca Alcalá, con ese candor que irradia, con esa imagen light que ha sabido explotar como nadie, en pleno proceso interno para elegir al candidato priista a la gubernatura en el 2010, estuvo a punto de sublevarse abiertamente en contra de la imposición de Javier López Zavala y vestirse con el traje de la rebeldía partidista en aras de amarrar una negociación que le permitiera garantizar su supervivencia política en el mediano plazo.

Y es que, existió un momento en donde tuvo que estirar la liga de la negociación de tal manera, hasta que obtuvo una promesa de ir en la fórmula priista que buscaría llegar al Senado de la República en el 2012.

Promesa que, sobra decir, le cumplieron a cabalidad.

La metamorfosis de la expresidenta se explica a través de la influencia que sobre ella tuvo un grupo de priistas que intentó a toda costa impedir el dedazo de Mario Marín y que se convirtieron en los hechos en asesores de cabecera de Alcalá.

Cuándo declarar, cuándo guardar silencio, cuándo apretar y cuándo aflojar en la negociación, fueron producto de una estrategia que se operó desde este búnker antimarinista ideado por los exgobernadores Manuel Bartlett y Melquiades Morales y que tenía como cabezas visibles a Enrique Doger Guerrero, Víctor Manuel Giorgana y José Luis Flores Hernández, este último un auténtico incondicional de Alcalá .

temepstad22sepBlanca sabía lo que valía, por lo menos en términos de la siempre ambigüa percepción ciudadana.

El hecho de que en reiteradas ocasiones el Comité Directivo Estatal de su partido la hubiera excluido de la medición que realizó Demotecnia para evaluar en el 2010 a los precandidatos priistas a la gubernatura, y que el resto de los ejercicios similares que sobre intención de voto se habían publicado en varios medios locales hayan seguido la misma estrategia, lejos de minar el ánimo de Alcalá, la orillaron a adoptar una postura de potencial de ruptura con la plana mayor de su partido y con quienes ocupaban entonces las más altas esferas del poder político local.

Ella sabía mejor que nadie que era la pieza clave para que el delfín marinista tuviera la “legitimidad” necesaria para evitar una fractura interna de proporciones mayúsculas, pero estaba decidida a no vender tan fácil el tan ansiado  levantamiento de mano.

“Les va a costar y mucho” -le confiaba a sus incondicionales.

Lo anterior, se volvió más que evidente en el tono y los modos que asumió en las diferentes reuniones que en su momento sostuvo con los dirigentes del priismo poblano.

Ahí, Alcalá manejó en reiteradas ocasiones que su partido, el PRI no le había “servido para nada” en el desarrollo de su carrera política.

Blanca sostiene todavía que su triunfo electoral en el 2007, se debió más al voto de la sociedad civil apartidista y no a la operación electoral de la estructura y los sectores del tricolor.

pri04“Votaron por mí, por mi imagen, por lo que represento y no por la marca, que al final fue lo que me restó” -asegura sin tapujos.

 Lo anterior, aunado a una serie de violaciones sistemáticas a cuestiones básicas de cortesía política, como no invitar al propio gobernador o a algunos de los miembros del gabinete estatal que consideraba “incómodos” a eventos organizados por el gobierno de la ciudad, convirtieron a la candorosa Blanquita en una irreconocible e incómoda pieza de un rompecabezas que al final se armó tal y como desde muy arriba se ordenó y que electoralmente fracasó estrepitosamente.

Todo esto quedó en evidencia en el desarrollo de la campaña electoral.

Y es que, de manera inexplicable, el magnífico capital político del que gozaba en ese tiempo la presidenta municipal no le sirvió a su partido para por lo menos volver decorosa la vergonzosa derrota que sufrieron los aspirantes a una diputación local por los distritos con cabecera en la capital en aquel fatídico 2010.

Ya para no hablar del penoso caso de Mario Montero.

Ni siquiera pudo hacer ganar a Edgar Chumacero y a Mónica Barrientos, sus incondicionales.

Olvídese de la utilización de los programas sociales del gobierno de la ciudad en beneficio del Revolucionario Institucional.

Blanca siempre se mostró reacia a siquiera ser vista en actividades proselitistas a favor de su partido en su tiempo libre.

En su momento, Marcelo Ebrard, Jefe de Gobierno del Distrito Federal, tuvo muestras de apoyo mucho más concretas y efectivas para el proyecto político de Rafael Moreno Valle y los entonces candidatos de Compromiso por Puebla, que la propia Alcalá hacia los priistas.

Ahora, paradojas de la vida, Blanca no tendrá más remedio que conformarse con lo que políticamente pueda aportarle su partido, el PRI, al que traicionó en 2010, del que tanto renegó hasta hace muy poco, pero de cuya estructura se colgará irremediablemente para seguir viviendo del presupuesto por lo menos seis años más.

abajovale

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