24-01-2022 01:06:36 AM

Por fin se le hizo a Escobedo

Por: Valentín Varillas

Más de cuatro años y medio tuvieron que pasar para que a Salvador Escobedo le cumplieran la promesa de convertirlo en Secretario de Salud del gobierno del estado.

Desde el periodo de transición de poderes, a mediados del 2010, el ex edil de Atlixco recibió la oferta del entonces gobernador electo, Rafael Moreno Valle, de encargarse de la política de salud de su gobierno por un período de 8 meses, para después perfilarlo como candidato al Senado, en el segundo lugar de la fórmula, en la elección federal del 2012.

No se le hizo ninguna de las dos.

Los astros se alinearon de tal manera que resultaba más rentable para el grupo en el poder apoyar a uno de casa para la posición, Jorge Aguilar Chedraui, aunque para lograrlo hubiera que realizar las modificaciones legales necesarias para permitir que alguien que no fuera médico llegara a la dependencia.

EscobedoSin embargo, a pesar de los incumplimientos la relación con Escobedo jamás se rompió.

Al contrario, se convirtió para el gobernador y sus operadores en una especie de “útil comodín” para moverlo de acuerdo a sus intereses y conveniencia.

La estrategia de hacer crecer en lo político a Escobedo, en ese tiempo, tenía varias ventajas para el morenovallismo.

Al momento de la oferta, Salvador Neftalí se desempeñaba como Coordinador Nacional del programa Oportunidades de la Secretaría de Desarrollo Social federal.

La invitación a formar parte del gabinete era una muestra de inclusión para el entonces presidente Felipe Calderón y para el panismo tradicional, que ya sospechaba que no le cumplirían los acuerdos a los que se llegaron para darle el visto bueno a la candidatura del ex–priista Moreno Valle.

Además, en la óptica del gobernador, sumándolo a su equipo, lograba quitarle un aliado incondicional a Ana Teresa Aranda, enemiga cantada del nuevo mandatario y a quien no le perdonaron nunca su constante negativa a competir por la alcaldía de Puebla en el 2010, yendo en fórmula con Rafael.

Y es que, mientras Ana Tere declaraba a los cuatro vientos su malestar por la designación de Rafael Moreno Valle como candidato a la gubernatura por el PAN y operaba con el grupo de los panistas dogmáticos en contra del hoy mandatario, Escobedo sostenía secretísimas reuniones con Fernando Manzanilla, coordinador de la campaña morenovallista y más adelante del proceso entrega-recepción, en aras de sumarse al proyecto e intentar integrarse al próximo gabinete.

La utilidad de haber convertido en aliado a Escobedo se hizo patente más adelante, cuando fue necesario integrarlo a la Secretaría de Desarrollo Social estatal y operar los programas de la dependencia con fines netamente electorales.

Después de su paso por la coordinación del Programa Oportunidades, Escobedo contaba con un padrón, casa por casa, del nivel de pobreza en la que vivía una familia y las necesidades específicas que tenía en ese momento.

Como era de esperarse, puso toda esa valiosa información a disposición del gobernador y propuso orientar las nuevas directrices de la política social estatal hacia estas necesidades.

La rentabilidad política de lo anterior resultó evidente un poco más adelante, en el proceso electoral local del 2013, en donde el propio Escobedo compitió y ganó la diputación por Atlixco.

Ya en la coyuntura de la elección federal de este año, Salvador Neftalí, en el papel, sería una figura importante para integrar la bancada morenovllista en la próxima legislatura federal.

Sin embargo, en la práctica era más rentable en lo político negociar con el PRI y Antorcha Campesina la victoria de Juan Manuel Celis Aguirre en ese distrito, por lo que de muy alto llegó la orden de “bajar” a Escobedo.

Con una institucionalidad que hiede a sumisión, el aludido ni chistó.

Dócilmente regresó a su curul local, desde donde fue llamado el pasado domingo para integrarse a Salud y cobrar, por fin, la factura original.

Escobedo llega, sobre todo, a limpiar la casa en la recta final de la actual administración.

Un antecedente peligroso se cierne sobre quienes en su momento encabezaron la dependencia.

Y es que este gobierno rompió los protocolos no escritos de la relación entre gobernadores y metió a la cárcel a Alfredo Arango, ex–Secretario de Salud en el sexenio de Mario Marín.

Lo anterior significa en los hechos que una situación similar pudiera darse cuando termine el sexenio.

Como están las cosas y haciendo caso a la frialdad de los números, la continuidad en el 2016 no es ya una cuestión de mero trámite.

abajovale

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