06-12-2021 12:00:46 PM

Arropar la ineficacia

Por: Juan Manuel Mecinas

El PRI realizó un acto como en sus mejores tiempos: lleno de significados, de simbolismo y entregado al líder que adoran y arropan. Un acto donde solo los aplausos cuentan. Una asamblea donde el Presidente camina como César en el Foro. Un mitin priista en momentos de crisis para “respaldar” a Peña Nieto.

En los significados del acto priista se puede encontrar algún dato interesante y revelador:

La primera lectura tiene que ver con los liderazgos del partido: se ha tratado de mostrar que solo Peña es el líder y que el partido responde a sus instrucciones. Nada mas falso y vacuo. Quienes aplaudieron saben que los días/meses de Peña están contados y con el tiempo se apagará su vela en un partido que ya no lo quiere seguir.

No obstante, la reunión no tuvo solo una lógica interna, sino sobre todo una externa: el presidente ha exigido el respaldo del partido para “mostar músculo” . Pero, también en ese sentido, el acto es vacuo, porque el partido y el presidente son uno: la debacle del presidente es también la de su partido y ello no tiene nada que ver con las elecciones, sino con la forma de hacer política.

La fuga del Chapo Guzmán le ha puesto punto final al discurso de la eficacia del priismo, la que solo en pocas ocasiones demostró en setenta años de gobierno, y que en el periodo de Peña Nieto fue utilizado exaltando un partido y una forma de hacer política que poco tenía que ver con la realidad: guardar silencio respecto a la inseguridad no resolvía cuestión alguna. La política de la falta de resolución y apuesta al olvido ha muerto con el túnel por el que huyó Guzmán.

Además, el PRI no es un partido que pueda ayudar a Peña Nieto en estos momentos. A Peña lo único que le puede ayudar es tomar decisiones: precisamente lo que no quiere hacer, porque significa exigir renuncias.

Peña quiere solucionar la crisis con actos partidistas, cuando las mismas elecciones de junio pasado demostraron que Peña no tiene un problema electoral (lo tendrá en 2018), sino un problema político, un problema de gobernabilidad.

Lo que presenciamos el sábado es un acto acorde a la política partidista de los años setenta. Aplaudir al presidente y mostrar que él es adorado en su partido es propio de un PRI de Echeverría.

El PRI que nunca ha dejado de ser.

El viejo PRI; el nuevo PRI.

El PRI; solo el PRI.

abajomecinas

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