
El sector agropecuario ha sido el gran perdedor de todos los acuerdos firmados por México desde 1993, empezando con el TLCAN.
Políticas erróneas en más de una década, aunadas a factores climatológicos y económicos mermaron sensiblemente la capacidad productiva del agro mexicano.
Los socios comerciales supieron aprovechar con creces las ventajas de los acuerdos, lo que ha dado pauta a una balanza comercial deficitaria del sector y que los productores mexicanos vivan en lamentables condiciones socioeconómicas.
Las negociaciones que sostiene la Secretaría de Economía con los sudamericanos ponen en riesgo seriamente a los hatos ganaderos y también la competitividad en varios productos, como las frutas.
México está libre de aftosa y de otras enfermedades en su ganado al aplicar estrictos controles sanitarios, después de la dura experiencia registrada en la década de los cincuenta en el siglo pasado, cuando millones de cabezas fueron sacrificadas en todo el país por la fiebre aftosa que aquejó al ganado bovino. Miles de productores se fueron a la quiebra y para el gobierno representó un gasto considerable reponer los hatos.
En otros tipo de ganado como porcíola, caprino o aviar es conocido el alto control fitosanitario que existe en las granjas.
Si bien el país no es autosuficiente en la producción de carne en general, tampoco le es indispensable el producto que ofrecen por el momento los sudamericanos.
El caso de Colombia es el que más preocupa a los ganaderos mexicanos. Esa nación tiene serios problemas de sanidad, no ha logrado erradicar la fiebre aftosa en sus hatos y ello pone en riesgo a los nacionales.
El propio presidente del Consejo Nacional Agropecuario (CNA), Juan Carlos Cortés, ha señalado que con un solo kilogramo de carne que ingrese a México será más que suficiente para que se pueda propagar la enfermedad.
Además no sólo es el aspecto fitosanitario sino también las ventajas que se están ofreciendo a los sudamericanos para que ingresen al mercado mexicano con todo tipo de productos agropecuarios, como mango, aguacate, chile, uva, frijol, aguacate y varios más.
Ni se diga el caso de Brasil que mantiene una política de apoyo a su sector y pone restricciones para las importaciones, pero demanda la apertura de otros mercados para sus productos.
No sólo el CNA se ha pronunciado en contra de estas negociaciones comerciales, sino también las diversas agrupaciones campesinas, además de otros sectores industriales como el de la confección, porque el gobierno mexicano está abriendo de par en par las puertas sin que vaya a existir reciprocidad de los sudamericanos.
Las reuniones de trabajo con el titular de Economía, Bruno Ferrari, son constantes y cansadas, aseguran los empresarios, pues parece no querer entender el riesgo que corre México con esto.
Lo integrantes del sector privado prefieren que se exploten mejor los más de 20 tratados que ya se tienen con otras naciones, en lugar de abrir nuevos frentes que no son tan necesarios en estos momentos.
Ahora los empresarios agropecuarios, principalmente, sí están del mismo lado con las distintas organizaciones campesinas; ahora sí manejan casi el mismo discurso.
Lejos están de la posición que tenían hace más de 10 años cuando se firmó el primer acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá, o después con la Unión Europea.
En ese entonces veían con desconfianza a las diversas agrupaciones integradas en la Red Mexicana que se oponían a la apertura indiscriminada del mercado mexicano a productos agropecuarios, sobre todo los más sensibles, y que demandaban políticas justas e integrales a favor del campo y de los productores.
Si bien no hay fecha límite para concretar los acuerdos comerciales con los tres países sudamericanos, parece que el gobierno de Felipe Calderón tiene prisa por culminar las negociaciones este mismo año sin ver el riesgo que corre el país con ello.