Confesiones de mi marido III

Había quitado mi mano de ahí y después de pedirle disculpas, agaché la cabeza y besé sus muslos y le dí un beso sobre la panty, ella se bajó la falda y yo supe que esto significaba el final y una noche con dolor de testículos, me enderecé en mi asiento y poniendo mi mano sobre su muslo le dije viéndola a la cara.

Raquel quiero hacerte el amor, me gustas, te deseo como loco, no lo puedo resistir mas

No Pedro, no está bien, no te enojes conmigo, pero no puedo.

No, no me enojo amor y si me atrevo a pedirlo es por desearlo profundamente, sería lo mejor que me podría pasar en mi vida, pero si crees que no vale la pena o que no es el momento no hay problema.

Mira Pedro, no es que no valga la pena, pero como bien dices no es el momento, yo no estoy preparada, no sabemos que pase con nosotros y mejor sigamos como estamos ¿Me quieres todavía?

Si Raquel, mucho, te quiero mucho y todo está bien, aquí no ha pasado nada, pero ¿Cómo voy a saber cuando estés preparada?, ¿me vas a decir que lo quieres hacer conmigo, que me deseas?

Ella no respondió, solo bajó la cabeza abrochando los botones de su blusa y la acomodó para que no se viera toda enredada sobre su cuerpo y no me quedó mas remedio que encender el auto y ponernos en marcha hacia su casa.

Yo interrumpí para decirle “Espera amor, ¿como era Raquel?, descríbela”

Ella era como de 1.60 de estatura, de unos 55 kilos de peso, de piel morena clara, cabello negro debajo de los hombros, ojos cafés y una cara muy bonita, tenía muy buenas piernas y una cintura si bien no pequeña, si bien delineada, sus pechos eran pequeños pero bonitos, creo que era una chica que se podía clasificar como bonita, a muchos les gustaba, así era físicamente, pero además era muy alegre y simpática, estaba así medio loquita como la mujer con la que me casé. Pero déjame seguir contando que ya me emocioné.

Camino a su casa los dos veníamos callados, ella con la vista fija en el camino sin voltear la cara para verme, yo volteaba a verla pero ella no se daba por enterada, tenía los labios apretados y con su mano trataba de “planchar” su falda, cuando le pregunté si estaba enojada conmigo no respondió tan solo movió la cabeza hacia los lados indicando con su movimiento que no, que no lo estaba. Yo insistí preguntando

¿Si no estás enojada por qué no me hablas?, ¿te molestó que te diga que me gustas mucho, que te deseo?. Perdón pero esa es la verdad.

Ella no respondió, tan solo se volteo al asiento de atrás y de su bolso sacó su teléfono, marcó y la escuché decir.

¿Mamá?, estoy con Pedro, él me pasó a recoger a la escuela ¿me das permiso de ir al cine?, gracias ma., como a las 9 después de la película.

Colgó su teléfono y yo pregunté

¿Qué quieres ir a ver?

Compra unos condones y vamos a un hotel, ya no digas nada o me arrepiento.

Ante tal respuesta, me quedé callado, pasé a una farmacia a comprar condones y entré a un hotel, al entrar ella se agachó en el asiento, un tipo nos indicó a que cuarto entrar, era la primera vez que yo entraba a un hotel pero pretendía demostrar lo contrario, bajé del auto, me acerque al tipo que estaba parado junto a la cortina del estacionamiento, me dijo la cantidad a pagar, se la dí y corrió la cortina, yo me acerqué al auto, le abrí la puerta a Raquel y entramos a la habitación, cerré la puerta con seguro y vi a Raquel parada frente a la cama viendo hacia ésta fijamente, yo también sentí nervios al ver la cama, pero tenía que demostrar lo contrario, me acerqué a Raquel abrazándola por la espalda, ella se volteó frente a mi, nos dimos un beso húmedo y largo en la boca, al separarnos ella me dijo.

Sé muy dulce y tierno conmigo, soy virgen Pedro

¿De que otra forma podría tratarte amor? Bien sabes lo mucho que significas para mi.

Fué mi respuesta, ¿qué idiota no?, le pude haber dicho que yo también era virgen que mi primera vez no había sido gran cosa, que no tenía la mas remota idea de que hacer para que una mujer disfrutara del sexo pero me ganó el machismo y las ínfulas de ser un experimentado amante, claro que la verdad en estos casos no se oculta por mucho tiempo.

Comenzamos con besos y caricias le quité la blusa, ya sabes desabotonas y la quitas, al igual que la falda que cayó al piso, ella se quitó los zapatos y quedó frente a mi en sostén panty y calcetas, yo me desnudé quedando en calzones y así la abracé para pasar mis manos a su espalda y quitar su sostén pero ahí comenzó a salir la verdad ya que el don Juan no encontraba donde desabrochar el sostén, ella me hizo hacia delante y con sus manos lo desabrochó de en medio de sus pechos y lo dejó caer al piso yo la abracé nuevamente besando su cara, su cuello, sus pechos, su vientre, le bajé la panty y vi su vello púbico, que linda era, que increíbles se veían sus nalgas levantadas y esos hoyuelos a los lados de su columna hundida donde inician las nalgas, así como los tuyos que me ponen de lo mas caliente, yo me quité los calzones y ella vió mi pene erecto, acercó su mano y lo tocó y con asombró preguntó

¿Lo metes todo?

Si amor, pero ven acuéstate en la cama

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