12-12-2019 04:59:36 AM

La tentación II

Intentó besarme y yo le di una bofetada al borracho y me fui a dormir. Aunque dormir no pude, porque en la habitación de al lado había un escándalo tremendo. Los gemidos de la puta negra eran ensordecedores y se notaba que el cubano se estaba portando. Desde luego, yo nunca había disfrutado con Juan hasta ese extremo. Así que en lugar de pensar en que mis hijos dormían al lado y podían escuchar el show porno, yo deseé estar en el lugar de esa chica. Metí la mano debajo de mis bragas e introduje dos dedos por mi húmedo coño.

-¿Te está gustando puta?-preguntó Ramón.

-Mmmmmmmmmmmmmmm-gimió la puta-. Eres un macho.

-Pues aún no has visto nada. ¡Toma!

-¡Ohhhhhhh!

-Mmmmmmmmmmmmmmmmmm. ¡Quee gua-arra ereeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeees!Mmmmmmmmmmmmmm. ¡Aghhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!

Yo saqué mi lengua y me la pasé por mis labios. Seguía masturbándome mientras imaginaba que Ramón estaba sobre mí. Un rato más tarde, me corrí, pero los otros dos siguieron dale que te pego hasta altas horas de la madrugada. Luego, escuché a la puta marcharse y me dormí. Supongo que adivinareis lo que soñé aquella noche. Amanecí totalmente mojada y, como aún quedaba media hora para que se despertaran los chicos, corrí al baño para ducharme. Abrí la puerta y me encontré con Ramón saliendo de la ducha completamente desnudo. Me quedé paralizada. El tío, además de ser guapo y tener unos músculos y unos abdominales que enloquecerían hasta a la más mojigata, tenía una polla que, a pesar de estar en reposo, doblaba en tamaño a la de mi marido en erección. No podía apartar la vista de su entrepierna y me fijé en que él también miraba la mía. ¡Oh, no!¡Se había dado cuenta de que me había corrido por la noche!¡Qué vergüenza!¡Y, oh, no!¡Por el amor de Dios, no!¡De la excitación, su miembro estaba empezando a crecer!

-Ppperdón.

Me fui corriendo sin volver la vista atrás. Cuando bajó(¡en calzoncillos y pudiéndose apreciar que su pene aún se encontraba en estado de erección!) me comporté como si nada hubiese ocurrido y comencé a preparar el desayuno. Él se acercó por detrás, se pegó a mi y me agarró las tetas. Di un brinco de la sorpresa. Ramón empezó a chuparme el cuello.

-Ramón, ¡suéltame!

Su lengua subió por mi cuello. Mientras me amasaba las tetas, me besó en la oreja. Introdujo su lengua en mi oído.

-Por favor, suéltame.

Comenzó a susurrarme al oído.

-No me mandes parar cuando te mueres por mi. Me estás volviendo loco. No puedo parar de mirar tu precioso culo y tus tetas. ¡Ay, que tetas!-metió sus manos bajo mi blusa-Lo daría todo por probar tus tetas.

No sabía que sentir. Hacía tanto tiempo que nadie me hablaba así. Que no me sentía tan deseada por un hombre. Ramón hacía que me sintiera tan bien.¡Y estaba tan bueno!Pero yo amaba a Juan y él no se merecía eso.

-Ramón, por favor.

-Encarna, me voy mañana.

-¿Qué?

Me di la vuelta sorprendida.

-¿Cómo que te vas mañana? Solo llevas cuatro días. Se suponía que te irías el domingo.

-Sí, pero es que me ha salido un trabajo y…

-Mañana.

-Por la tarde. Y no me pienso ir sin follar contigo.

Me besó. Me agarró, me cogió en brazos y me besó. Me besó como hacía tiempo que Juan no me besaba. Yo no pensaba tener nada con Ramón, pero es que besaba de una forma tan…No se como decirlo. Lo único que se es que me dejé llevar. Me dejé llevar y correspondí a su beso. Coloqué mis manos sobre su cuello y él colocó las suyas en mi culo. Nuestras lenguas formaban una sola. Ese hombre me estaba dejando seca solo con un beso. Pasó…no se cuanto pasó. Y nosotros seguimos besándonos. Nuestras bocas no hacían nada por separarse. Y mi lengua y la suya salían y entraban de la boca del otro. Recordé cuando Juan me besó por primera vez. Juan. Empujé a Ramón y le di una bofetada.

-¿Pero qué haces, puta?

-A mi tú no me faltas el respeto. Dejame en paz o te denunció por intentar violarme.

-¿Quién ha intentado violar a quién?

Nos miramos durante unos segundos y nos volvimos a besar. Me cogió en brazos y me llevó al salón. Me tumbó en el sofá y se colocó sobre mi. Me quitó la blusa y me chupó de nuevo el cuello. Me besó la barbilla y yo le agarré por la espalda.¡Dios mío!¡Qué hombre!¡Qué músculos!¡Qué cuerpo! No como Juan. Juan.

-Ramón, para.

Haciendo caso omiso a mis palabras, hizo ademán de desabrocharme el sujetador.

-¡Ramón, para de una puta vez!

Agarró mi sujetador. Yo le di una patada en los huevos y me levanté.

-¡Joder, hija de puta!¡Qué cabrona!

-No vuelvas a tocarme. Aprende que cuando una mujer dice no es no.

-Perdona, pero joder es que tú…

-Mira, esto no puede ser. Yo soy una mujer casada y amo a mi esposo. No puedo hacerle algo así a Juan. No puedo.

-Bien. Mirame a los ojos y dime que no me deseas. Dímelo.

Me quedé callada.¿Qué debía decirle? Por supuesto que lo deseaba, pero eso no quería decir que me fuese a liar con él. Jamás le sería infiel a Juan. Nunca. Escuché que mi hijo mayor salía de su cuarto. Me había librado de responder. Aunque si Juan se hubiera levantado antes o si yo hubiese dado rienda suelta a mi pasión, mi hijo nos hubiera pillado a mi y a Ramón cogiendo.

-Encarna-dijo Ramón bajando la voz-, vamos a cenar esta noche. Como amigos.

-Está bien, pero solo como amigos.

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