Mi amante secreto

Mi familia era una de esas típicas familias de pueblo, que van a misas todos los domingos y en las cuales nunca se hablaba de sexo. La única vez que mi madre me hablo del tema, fue cuando cumplí mis dieciséis años y me preparaba para ir de pupila a un colegio en la ciudad. Sus palabras no fueron lo que esperaba y solo me dijo, que las mujeres que tienen relaciones sexuales antes de casarse, son llevadas por el diablo. Yo que nunca había cuestionado a mis padres le creí ciegamente y me dispuse a terminar mi equipaje para mi viaje a la ciudad.

Unos meses más tardes, cuando ya había hecho unas cuantas amigas, nos juntamos en el parque más cercano al colegio y ellas comenzaron a contar sus experiencias sexuales, yo permanecí muy callada y escuchaba todo lo que decían y solo asentía con la cabeza. Esa noche ya acostada en mi cuarto, después que las monjas habían echo la revisión y se cercioraron que estábamos todas las internas, me puse a pensar y recordar todo lo que habían contado las chicas, como se habían besado con el chico que les gustaba, como se tocaban en el baño cada vez que podían, como Mili ya se había acostado con uno de los muchachos del instituto de curas que estaba a la vuelta de la cuadra, así fue como me empecé a sentir rara, y notaba que mi vagina se humedecía cada vez que pensaba en eso. Pero recordando lo que dijo mi madre, pedí perdón a Dios, dije mis oraciones y me dormí.

Así pasaba el tiempo y cada vez que nos juntábamos con las chicas, ellas contaban sus experiencias y nos reíamos todas. Una noche cuando ya estábamos acostadas y la rutina de las monjas había terminado, Mili, quien era mi compañera de cuarto me pregunto porque yo nunca había contado nada. Entonces tome coraje y le explique que nunca había echo nada y lo que me había explicado mi madre, ella comenzó a reír y yo un poco ofendida le pregunte porque se burlaba de mi, se disculpo conmigo y me dijo que lo que mi madre y las monjas decían, eran solo mentiras. Le dije que no le creía, me di la vuelta y me dispuse a dormir, pero no lo conseguí. Lo que Mili me había dicho, daba vueltas en mi cabeza y no me permitía conciliar el sueño, es por eso que decidí que a la mañana siguiente le pediría que me explique bien todo.

En el transcurso de la mañana estuvimos muy atareadas con las cosas del colegio, pero apenas tuve un blanquito, corrí hacia Mili y le pedí que me hablara con sinceridad. Ella se lo tomo muy enserio y me explico varias cosas que me inquietaban cada vez más. Debió de notar algo, pues se ofreció a ayudarme a incursionar en el área del sexo, y yo creyendo que me presentaría algún chico amigo suyo, accedí gustosa.

Esa noche cuando nos acostamos me pregunto si estaba preparada, yo le respondí que si y me dijo que después que pasara la Hermana a hacer la revisión empezaría todo. Me quede acostada esperando, creyendo que entraría por la ventana algún muchacho, pero para mi sorpresa no fue así. En medio de la oscuridad, pude sentir como una mano tomaba mis frazadas, las levantaba y se deslizaba por debajo de estas. Alguien empezó a besar mis pies, luego mis pantorrillas y así fue subiendo hacia mis muslos, me deje llevar por las nuevas sensaciones que me recorrían el cuerpo y ya no me importaba quien era aquel misterioso ser. Salí abruptamente de mis pensamientos, cuando note que me habían quitado mi bombacha y una suave y húmeda lengua pasaba lentamente por mi vagina, lamía, mordisqueaba y succionaba mi clítoris de una manera que no creí que fuera posible. Mientras la lengua de ese ser maravilloso entraba y salía de mí ser, una de sus manos se metió bajo mi pijama y comenzó a acariciar mis pechos. Tuve que respirar hondo varias veces para no gritar y mi amante secreto debió de notarlo, instantáneamente comenzó a acariciar mi sexo al mismo tiempo que seguía lamiéndolo y luego de un rato empezó a introducir sus dedos en mi orificio, el cual estaba totalmente mojado y deseoso de ser penetrado. Una vez que me había acostumbrado y creí que no podía disfrutar más, sentí que los dedos se multiplicaban y tres dedos comenzaron a entrar y salir de mi vagina a una velocidad descomunal, mientras su lengua me seguía lamiendo. Una explosión de calor y excitación recorrió mi cuerpo y tuve que morder la almohada para que nadie oyera mis gemidos. Cuando volví a la realidad, estaba sola en mi cama, totalmente satisfecha, pero un poco desconcertada, ya que mi amante había desaparecido.

A la mañana siguiente, Mili me encontró en el baño y me pregunto que tal la había pasado, le conté lo que pude y le pedí que me dijera quien era, pero solo me respondió que no podía. Luego de insistir un rato y ver que no cedía a mi pedido, le dije que entonces le diera las gracias y le dijera que pasase cuando quisiera, que seria muy bien recibido. Mili sonrió y se marcho.

En los meses que le sucedieron a Julio, mi amante volvió a aparecer de dos a tres veces por semana, y siempre era lo mismo, me hacía sexo oral, me introducía sus dedos, me daba placer y se marchaba sin decir nada, sin pedir nada y sin mostrar su rostro.

Así termino el año y volví a mi casa, ya más crecida y con experiencia, aunque mis padres lo ignoraran, comencé a ver a los muchachos del pueblo con otros ojos. Entre los amigos de mi hermano estaba Sebastián, un muchacho morocho, de pelo negro y ojos color miel que trabajaba en el campo con su padre, por lo que tenía un físico bien marcado. Era muy bonito y el más pícaro de todos. Una tarde cuando volvía de la casa de mi abuela lo encontré sentado en el parque cuidando de su hermano menor, me acerque y nos pusimos a hablar. Me dijo que siempre le había gustado, que si lo acompañaría esa noche al autocine móvil que vendría desde la ciudad; acepté gustosa, pero le dije que tendría que pedirles permiso a mis padres. Así fue que cuando llegue a casa, me esperaba mi madre, para decirme que Sebastián había llamado y les pidió permiso para llevarme al autocimena, a lo que ellos habían accedido.

Extasiada de gusto y con los pensamientos más sucios que me rondaban la cabeza, fui a bañarme, me puse mi vestido de los domingos para ir a misa y bajé a esperar. Cené poco ya que los nervios no me permitían probar bocado y antes de darme cuenta, estaba allí, golpeando mi puerta, el joven que esta noche, sea como sea, sería mío.

Salimos de casa, llegamos al autocine que estaba repleto y vimos una película bastante aburrida, bueno la verdad es que no se mucho de que trataba, pues en mi mente solo había lugar para Seba y las cosas asquerosas que quería hacerle y que me haga. Antes de que termine la peli, el me preguntó si me gustaba y yo no supe que responderle, ya que no tenía idea de que trataba. Se dio cuenta de esto y me pregunto si quería ir a otro lugar, accedí gustosa y salimos de allí. Tomamos un caminos medio perdido que nos llevo a la cima de una colina, desde donde se podía ver todo el pueblo, puso música en su estereo y empezamos a charlas. Antes de darme cuenta estaba sobre él, besándolo de una manera loca y sacándole toda la ropa, no se resistió ni un momento y al cabo de un rato estábamos casi desnudos. Me había bajado el vestido, dejando mis pechos al descubierto y me habían quitado mi bombacha, me levantó un poquito el vestido y me sentó sobre él, quien ya tenía su cierre abierto y su miembro salía de este deseoso de probar mi vagina. Su pene entraba y salía de mi con una facilidad que me asombraba y su boca rozaba mis pechos erectos en cada movimiento ascendente, de esta manera, comenzamos a movernos cada vez mas rápido hasta que mi sexo se vio inundado de su semen y me excite tanto que termine acabándolo yo también. Después de reponernos de nuestro primer encuentro, beso mis labios y me dijo que no pasaría un solo día mas del verano, sin cogerme, que seria mi servidor y complaciente y que estaría dispuesto a darme lo que pidiera.

Una vez en casa, me metí al baño y me duche, y mientras lo hacia sentí que lo había disfrutado, pero no tanto como con mi amante secreto del colegio.

El verano fue una experiencia muy buena y no hubo ni un solo día en el cual no tuviera sexo con Sebastián, pero muy dentro de mi ser, estaba deseosa de volver a la escuela y rogarle a Mili que le pidiera a su amigo que me cogiera otra vez, pero ahora que ya había probado con otro, quería verle el rostro al ser que me estaba dando tanto sin pedir nada.

Cuando volví a la ciudad, corrí a ver a Mili y hablé con ella, me prometió que haría lo posible y así fue. Esa noche ya en mi cama, apareció se metió como siempre en mi cama, me dio un placer absoluto y antes que pueda irse prendí la luz y para mi sorpresa descubrí que la persona que me había dado tanto sin pedir nada y había ocupado mis pensamiento desde hacia dos años, no era nadie más ni nadie menos… que Mili.

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