29-05-2022 06:47:53 AM

¿Chiquillada?…ni madres

No, ya no, no más.

El apelativo ya no aplica, no encaja, simplemente se queda corto para explicar lo que ha significado el regreso de Eduardo Abraham, Tito Olvera y Antonio Fernández a la dirección operativa del Puebla de la Franja.

No se vaya con la finta, no es triunfalismo adelantado producto de la catarsis colectiva que se desató después del cardiaco empate despasado miércoles contra el Pachuca.

Tampoco es el típico y convenenciero cebollazo que aparece inmediatamente después de que las cosas parecen marchar bien.

Mucho menos se trata de un festejo a priori de una salvación que, a pesar de todo, en los hechos se ve tremendamente complicada.

Es tan sólo, señoras y señores, la pura verdad.

¿Y sabe qué?

El logro va mucho más allá de lo deportivo.

Y es que, sin importar si el equipo logre la permanencia en el máximo circuito, estos hombres han podido hacer lo que desde hace tiempo nadie hacía: volcar a la afición al estadio y resucitar a la eternamente moribunda “Franja-Manía”.

Sí, como en aquellos ya viejos tiempos de gloria, los poblanos se han vuelto incondicionales seguidores de su equipo, lo cual se refleja por supuesto en las magníficas entradas y en el apoyo que recibe durante los noventa minutos de cada partido.

Se vive una plena luna de miel que si bien no es garantía de nada, significa una importante fuente de motivación en un momento del torneo en donde aquellos intangibles del fútbol tienen un peso específico mayor.

Una pieza fundamental en este esquema es sin duda el famoso Chelís, quien en estos momentos se ha convertido ya en un auténtico fenómeno de simpatía y carisma para con la afición.

La química de Sánchez Solá con el público de Puebla es tal, que se trata de algo inédito en la historia del deporte local.

Vamos, ni Manuel Lapuente en sus mejores momentos logró semejante empatía con los aficionados.

Habrá que reconocerlo, pésele a quien le pese: la decisión de regresarlo a la dirección técnica, pase lo que pase, fue la mejor.

Ese es precisamente uno de los grandes aciertos de la “ex chiquillada”: comprender el momento actual del equipo y operar en un momento de auténtica emergencia para maximizar el potencial de lo que se tenía y de lo que se podía conseguir.

Parece fácil en el papel, pero el metafísico y alcohólico Carrillo no lo pudo hacer.

Tampoco los ególatras mediocres de Bernat y Henaine, esos que todo lo que tocan lo hacen mierda.

Si el Puebla se salva será misión cumplida.

Si no, se cuenta ya con una afición comprometida, incondicional que seguramente seguirá apoyando hasta lograr, otra vez, el ansiado regreso.

Ya lo verá.

 

latempestad@statuspuebla.com.mx

 

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