20-09-2021 12:56:05 PM

Gobiernos municipales, lastres para Acción Nacional

El PAN poblano vive sin duda tiempos complicados.

Más allá de la evidente fractura interna que provocan los grupos que se disputan el control del partido, ahora son los gobiernos municipales emanados de Acción Nacional los que afectan severamente su imagen.

Personajes como David Cuautli en San Andrés y José Abundio Torres en Lara Grajales, representan una auténtica aberración para la ideología y los principios de Acción Nacional.

Estos personajes se han convertido en patéticas imitaciones de lo más oscuro de los regímenes locales priistas que gobernaron en aquellos nefastos tiempos del partido único.

Hoy se habla de ellos porque, para desgracia de este país, su caso es una muestra contundente de que la corrupción gubernamental dejó de ser desde hace tiempo patrimonio exclusivo de los gobiernos emanados del PRI.

Cuautli y Torres están en los medios no por sus logros, no por su capacidad de respuesta a las necesidades de sus gobernados, sino porque representa una nueva clase política, igual de corrupta que la priista, pero mucho más peligrosa por su absurdo pragmatismo, por su aberrante egocentrismo y porque se basa en un culto enfermizo a la personalidad del tlatoani, que actúa como si su llegada al poder no hubiera sido producto de una decisión ciudadana, sino de una especie de designio divino.

Por eso son noticia.

Y es que, hablar de estos patéticos personajes es hablar de la institucionalización del estilo mesiánico de ejercer el poder, del iluminismo apantallador, el de los grandes proyectos de saliva que nunca se realizan, el del engaño sistemático, el de la careta permanente, el del rollo interminable y la simulación constante.

Se trata de los políticos del “cambio”, aquellos que en su momento engañaron al electorado vendiendo en el discurso que “harían las cosas como nunca” pero que en la práctica resultaron iguales a los de siempre: deshonestos, ineficientes, incompetentes e inoperantes.

Lo increíble es que, a pesar de todo, sean los propios panistas incrustados en los órganos de dirección del partido, quienes se convierten en alcahuetes de sus malos gobernantes, no sólo dejando de actuar de acuerdo de manera congruente con sus principios ideológicos, sino convirtiéndose en auténticos cómplices de los abusos e irregularidades que protagonizan.

¿Conclusión?

Alternancia, divino tesoro.

Sí, esta incipiente, pero valiosísima realidad de nuestro sistema político mexicano, se ha convertido en una herramienta ciudadana muy útil para ubicar a los partidos en su justa dimensión.

La posibilidad de evaluar las acciones de gobierno de autoridades emanadas de diferentes institutos políticos, nos permite concluir que los malos no lo eran tanto y que los buenos, puros y virginales, cuando los marean los volátiles efluvios del poder, se convierten en una copia al carbón de lo que tanto criticaron.

 

¿Y LA CABALLADA?

Por cierto en el PAN poblano, la caballada no está flaca, de plano no hay tal de cara a las elecciones federales de 2009.

Y es que, las grandes figuras del panismo local se han hecho ojo de hormiga cuando, en repetidas ocasiones, su líder nacional les ha pedido que propongan nombres para integrar las listas de candidatos para los 16 distritos federales uninominales que estarán en juego el primer domingo de julio del próximo año.

Ni Ana Tere, ni Ángel Alonso, ni El Tigre, ni mucho menos Moreno Valle, se han atrevido a sugerir a sus alfiles para que busquen la nominación.

No hay de otra, ninguno quiere asumir el costo de imagen que significa el imponer candidatos en una elección que luce perdida de antemano cuando cada uno de ellos tiene un proyecto político personal para el 2010.

¿Y la responsabilidad con el partido?

¿Sabe usted a estas alturas qué diablos significa eso?

 

latempestad@statuspuebla.com.mx

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