30-11-2021 12:45:25 PM

Pacto o Cumbre Sobre Seguridad

Derivado del secuestro y homicidio del niño Fernando Martí, se ha desatado en el país un cúmulo de manifestaciones de inconformidad sobre el estado que guarda la seguridad pública en nuestra patria. No es un tema nuevo ni tampoco fácil de resolver, pero preocupa que a pesar de medidas legislativas y políticas públicas que los gobiernos desarrollan la situación no mejora y se percibe en algunos casos que la situación empeora.

Para todos los ciudadanos debe ser una cuestión prioritaria el garantizar la seguridad de las personas, de su patrimonio y de las relaciones sociales que necesitamos desarrollar para el crecimiento personal y colectivo en tiempos tan complejos como los que vivimos. Mi parecer expresado reiteradamente parte de la premisa de que en un una sociedad siempre existirán anomalías de comportamiento y que es responsabilidad de todos observar aquellas que causan daño en las personas y deterioran la calidad de vida colectiva, dicho de otra manera no solo es problema de la autoridad es problema de las personas, de las familias, de las escuelas de las empresas de los medios de comunicación y de todos aquellos que de algún modo influyen en el vivir cotidiano, pues solo reconociendo nuestras deficiencias e insuficiencias personales y colectivas podremos construir una comunidad que respete el principio de legalidad.

Para el éxito de un programa se necesita reconocer el problema construyendo en primer termino un diagnostico y ante la inseguridad, no es suficiente con establecer el fenómeno de la delincuencia o el de la impunidad es necesario acudir a las causas que la generan y que tiene que ver con fenómenos de educación formal e informal que se viene impartiendo a los niños y jóvenes de México con un déficit evidente de ciudadanía lo que en mi concepto significa que hoy las personas no están dispuestas a cumplir la ley si esto les representa una limitación en sus esperanzas por adquirir bienes y servicios que les den superioridad antes los demás.

La situación resulta compleja porque cada día son menos las personas que consideran al estudio y al trabajo como las causas del éxito personal y colectivo. Falsamente creemos que estudiar y trabajar honrada y cotidianamente es cosa de tontos por lo tanto se elige el camino fácil, el del robo, el del engaño, el del despojo, el de quítate tu para ponerme yo y no porque tenga meritos o pueda hacerlo mejor sino porque me ubica en un status de superioridad que me autoriza para obtener beneficios personales, inmediatos, cuantiosos y fáciles.

Si lo anterior lo piensa una persona es un gran problema porque éste romperá toda regla con tal de satisfacer su ambición, pero se convierte en una tragedia cuando la mayoría piensa de ese modo. Egoísmo y pragmatismo son formas distorsionadas e inaceptables del comportamiento de las personas que nos lleva continuamente a romper la barrera de la legalidad y lo grave es que no solamente se hace en el mundo social abierto, se hace también en las instituciones, en las fabricas, en las oficinas públicas, en los hogares. Ante esto, nada de lo que se realice será suficiente sí no nos damos cuenta de que la regla general en estos tiempos de manera sencilla toda persona entiende que de lo que se trata es de ser audaz, de atreverse a todo lo que se necesite para alcanzar los fines.

Esa actitud extrema a la que la mayoría de las personas que habitan una comunidad han sido arrojados por las circunstancias, es el verdadero problema que subyace, esto es que esta debajo o se puede entender como el cimiento de la disolución y la desadaptación de los individuos en la sociedad, pues todos deseamos mucho, bueno y pronto. No importa en estas condiciones desarrollar un pacto o una cumbre sobre la seguridad si no somos capaces de reconocer que los valores que persiguen las personas son en muchos casos superficiales y materialistas pues de nada sirve suministrar todos los medicamentos existentes sino diagnosticamos previamente con atino cual es el padecimiento, porque se ha intentado resolver el problema con más legislación y con más penas, sin embargo no ha sido suficiente hay ineficiencia y hay impunidad pero debemos reconocer que mucha de esta se propicia por el propio ciudadano cuando violenta la ley y busca mediante un soborno o mediante engaños, evadir las consecuencias de sus actos. En estos problemas todos tenemos parte de culpa pero también todos podemos aportar en la solución.

Una propuesta respecto de este tema de la inseguridad es precisar responsabilidades, independientemente de las que globalmente se tengan. En este caso a los Órganos del Estado les corresponde el aspecto sancionador y a la sociedad le corresponde el aspecto preventivo, este último empieza en los hogares sigue en las escuelas, instituciones de educación superior, partidos políticos, iglesias y en toda agrupación en donde se deben de impartir los principios de la ética.

Este es un tema que debe ampliarse para dar los caminos correctos y definir responsabilidades. Echarnos la culpa unos a otros no es solución.

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