22-09-2021 11:59:44 AM

Lavado de dinero y enjuague de conciencias (primera de dos partes)

Realmente le sorprende que una instancia ligada a la Iglesia sea utilizada por funcionarios públicos corruptos para la realización de millonarios negocios?

Por favor, esta práctica es mucho más antigua de lo que usted se imagina y se ha institucionalizado de tal manera que hoy es cosa de todos los días.

La historia no me dejará mentir.

En la Edad Media, la Iglesia católica proscribió la usura, tipificándola como un pecado mortal, sin embargo, a la par, le proporcionó a mercaderes y prestamistas la estrategia perfecta para continuar cobrando intereses en sus operaciones comerciales sin riesgos de cometer delito alguno o de caer de la gracia del Señor: lavar estas operaciones a través del propio clero.

Así pues, comerciantes, ajiotistas y hasta delincuentes, realizaban millonarias “aportaciones voluntarias” que se reflejaban en los registros de autoridades civiles y eclesiásticas y que, legal y financieramente, no parecían conductas que pudieran suponer un ilícito, ni ante las leyes de los hombres, ni ante las de Dios.

Un porcentaje de este dinero era devuelto a sus dueños originales a través de las “operaciones de salvación de almas y evangelización” y el resto les servía a los usureros para comprar indulgencias y demás beneficios.

Brillante ¿no?

Durante la Segunda Guerra Mundial, la sistemática sustracción del oro que pertenecía a los perseguidos judíos por parte de autoridades del III Reich tuvo como destino final instituciones bancarias suizas que recibían triangulaciones de dinero de países como Portugal, España, Turquía, Argentina y el Estado Vaticano.

El objetivo era acumular un importante depósito que permitiese a la Alemania nazi sufragar los gastos de la contienda y modernizar su armamento militar.

Stuart Eizenstatde, miembro de la Secretaria de Estado de Estados Unidos, presentó un reporte sobre las transacciones financieras del Vaticano durante la guerra. La acumulación de evidencia sugiere que el botín de los Ustasha (el gobierno Croata pro Nazi) fue llevado al Vaticano mediante sacerdotes católicos.

Este dinero fue usado para proteger y enviar a los criminales de guerra a Sudamérica.

 

Entre 1941 y 1945, los Ustasha exterminaron aproximadamente a 500,000 serbios, judíos y gitanos después de haberles robado sus propiedades y pertenencias.

Obligaron a los judíos de Zagreb al pago de 1,000 kilogramos de oro y pese a esto los mataron de todas formas en los campos de concentración.

La Iglesia Católica estaba fuertemente ligada a los Ustasha.

Al principio del régimen, los sacerdotes católicos administraban las conversiones en masa de serbios mientras que los franciscanos diseminaban propaganda.

Desde su creación, gracias a la generosidad de esa alma pura que era Benito Mussolini, el Banco Vaticano, camuflajeado con el pomposo nombre de Instituto Para Trabajos Religiosos ha vivido bajo la sospecha de encubrir operaciones ilícitas que le permitían controlar sectores tales como los seguros, el acero, la harina, las financieras, la industria mecánica, el cemento y la propiedad inmobiliaria a través del control de la más grande y antigua empresa inmobiliaria italiana, La Societá Generale Inmobiliarie.

Todo iba bien hasta el año de 1968 cuando las autoridades italianas aprobaron una serie de cambios en las regulaciones financieras, encaminadas a privilegiar la transparencia.

Allí se descubrió que, a pesar de que en el discurso se manejaba que las utilidades producto de las operaciones del Banco Vaticano estaban destinadas a obras de caridad, lo cierto es que esta millonaria institución había mantenido por décadas sus beneficios particulares.

Para enfrentar el potencial escándalo, el Vaticano se hizo de los servicios de Michele Sindona,  “El Tiburón”, el cerebro financiero responsable de las operaciones de lavado producto del negocio de heroína de capos de la mafia italiana, principalmente de la famosa familia Gambino, para iniciar un proceso de desincorporación de activos y redistribución de capitales “peligrosos controlados por la Curia Romana.

La relación de Sindona con el entonces Papa Paulo VI se inició cuando aquél fungió como intermediario del dinero que la CÍA aportaba al Vaticano y a la Democracia Cristiana para impedir la expansión del Partido Comunista italiano.

En 1978, fue designado Papa Albino Luciani, Juan Pablo I, quien decidió, a través de Jean Villot, investigar si eran ciertos o no los rumores que ubicaban al Banco del Vaticano detrás de operaciones financieras relacionadas con el blanqueo del dinero proveniente de la droga colombiana, las fábricas de armamento y la empresa farmaceútica Serono, una de las principales productoras de anticonceptivos en Europa.

Como primera media, Luciani decidió destituir al poderosísimo cardenal Paul Marcinkus, norteamericano encargado de la administración del Instituto Para Trabajos Religiosos y renovar los principales puestos directivos del Banco Vaticano.

La limpia iba en serio.

Un mes después, Luciani fallecía en condiciones sospechosas y en medio de una negativa total por parte de las autoridades eclesiásticas a que una autopsia aclarara la causa del fallecimiento.

Uno de los principales aliados de Sindona era Roberto Calvi, director del Banco Ambrosiano,.ambos formaban parte de la Logia Masónica P2.

En 1981, el Banco de Italia denunció la existencia de un desfalco de 1.400 millones de dólares en las cuentas de las filiales extranjeras del Banco Ambrosiano.

El Banco Vaticano era uno de los 13 accionistas del Ambrosiano, y controlaba el 20% de su capital, lo que significaba que, como mínimo, había hecho la vista gorda ante algunas de las oscuras operaciones emprendidas por la entidad.

Poco después del asesinato de su director, Roberto Rosome, el Banco Ambrosiano se declaraba en bancarrota.

Según el diario inglés London Telegraph, el Vaticano es el principal destino de más de 55 mil millones de dólares de dinero sucio italiano, colocándose de este modo en la octava posición de las instancias más utilizadas en el mundo para el blanqueo del dinero sucio, muy por delante de paraísos fiscales como las Bahamas, Suiza o Liechtenstein.

Se trata de es un Estado cuya legislación sobre el secreto bancario impide toda posibilidad de rastrear o encontrar una pista sobre los orígenes de los fondos financieros que son depositados o se colocan allí.

latempestad@statuspuebla.com.mx

 

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