09-12-2021 08:00:49 AM

Caso Texcoco, dos precisiones necesarias

Dirigente del Movimiento Antorchista Nacional

 

El domingo 4 de mayo, tal como lo habían anunciado con toda anticipación, los humildes solicitantes de vivienda de Texcoco llevaron a cabo, en esa ciudad, una magna concentración de 30 mil personas para protestar por la tremenda injusticia de que están siendo víctimas. Se trata, como todo el mundo lo sabe ya a pesar de  las maniobras para ocultar y distorsionar la verdad, de que el Presidente Municipal perredista, Constanzo de la Vega Membrillo, señor de horca y cuchillo, les niega rotundamente el cambio de uso del suelo de un lote propiedad de los solicitantes a que me refiero, para que éstos puedan  levantar allí sus modestas viviendas.

Este hecho es insólito no sólo porque se niega un derecho elemental, humano diría yo (ahora  que está tan de moda vestirse de redentor social con esa bandera), sino también por las gruesas mentiras que maneja el edil perredista para justificarse: la defensa de la ecología y la preservación del bienestar de los actuales habitantes de Texcoco, los cuales, según él, verían gravemente deteriorado su actual nivel de bienestar en caso de permitir un “asentamiento irregular” (¿y por qué irregular, pregunto yo?) de más de… ¡cien mil personas! Pero resulta que una sencilla operación aritmética demuestra que, en el mejor de los casos, dada la dimensión del predio en litigio, apretadamente cabrían 2 mil familias que, a 5 miembros en promedio por cada una, arrojan un total de 10 mil almas, es decir, la décima parte de lo que maneja de la Vega. Es claro, pues, que miente; que no son esas las razones verdaderas de su negativa. ¿Cuáles son entonces? ¿Por qué Constanzo de la Vega no se atreve a esgrimir sus verdaderos motivos a la luz del día? La voz del pueblo dice (y conste que “vox populi, vox Dei”) que porque se trata, primero, de un gigantesco negocio de 25 mil departamentos que se construirían en el predio de referencia, que le permitirían embolsarse más de 250 millones de pesos; y, segundo, porque hay que impedir, a como dé lugar, el crecimiento de Antorcha en Texcoco, para evitar que ponga en riesgo el control perredista del municipio y, por tanto, las aspiraciones de ese  partido al gobierno del Estado. Pero tal conducta no es sólo sorprendente e insólita; es también delincuencial, criminal, porque pisotea con toda soberbia y prepotencia derechos ciudadanos tutelados por nuestras leyes fundamentales, como la libertad para escoger el lugar donde se desea vivir; contar con vivienda digna y con todos los servicios anejos a la misma, los derechos de asociación, organización, petición y manifestación pública entre otros. De tal manera, pues, que si hay en todo esto un delincuente que merezca la cárcel como dice el edil, ese es Constanzo de la Vega Membrillo. Y contra él, contra sus arbitrariedades, estuvo orientada la concentración de 30 mil antorchistas que colmaron las calles de Texcoco y la plaza principal de la histórica ciudad.

Y eran exactamente 30 mil personas o, en todo caso, un poco más. Pero resulta que muchos medios (con alguna excepción honrosa que debe agradecerse, como la del diario La Prensa) reportaron dos mil, tres mil y, los más generosos, cuatro mil manifestantes. ¿Qué pasó aquí? La diferencia entre la cifra verdadera y la que “vieron” algunos reporteros es tan grande, que no cabe atribuirla a un error en el conteo. Sólo quedan dos explicaciones posibles: o bien hubo consigna de minimizar la protesta de los humildes texcocanos sin vivienda, es decir, que estaríamos ante un gesto clasista (de solidaridad espontánea con el poderoso) de los dueños de los medios que mintieron tan flagrantemente, o bien está aquí la mano y la bolsa (se entiende que la del erario municipal) de Constanzo de la Vega, que seguiría derrochando alegremente lo que no es suyo y que tanta falta hace a los más pobres de sus gobernados. En cualquier caso, vuelve a demostrarse que la “libertad de prensa”, allí donde los medios son monopolio de unos cuantos potentados, lejos de estar al servicio de la verdad está al servicio de los intereses económicos y políticos de sus dueños. El pueblo pobre no puede pagar el alto precio que tiene publicar su verdad y está, por eso, totalmente inerme, indefenso ante la poderosa maquinaria de la publicidad privada. Constanzo de la Vega debe estar feliz. Su síndrome de avestruz seguramente lo tiene convencido de que basta con que los medios digan que fueron tres mil y no treinta mil los que protestaron en su contra, para que eso sea una realidad. Allá él. Pero mi primera precisión es que no fueron tres mil sino treinta mil los inconformes, y que esa gran masa seguirá luchando por sus derechos, aunque Constanzo crea que los borró, literalmente, de un plumazo.

Constanzo y adláteres acusan a los antorchistas de ser gente “sin ley” (??) porque con su marcha menospreciaron, dicen, la opinión mayoritaria de los texcocanos. Hablan del amañado plebiscito que ellos convocaron y controlaron, y en el cual hubo 29 mil votantes en contra de la demanda de Antorcha, según ellos. Otra vez el síndrome del avestruz. Creen que nadie se dio cuenta de su tremendo fracaso y del fraude monumental que tuvieron que cometer para no quedar en ridículo. Segunda precisión: Antorcha tiene pruebas irrefutables, filmadas, testigos insobornables de lo que ocurrió en cada casilla, que le permiten asegurar que el número real de votantes no alcanzó, siquiera, la cifra mínima de 5 mil. Todos los demás votos fueron de los “mapaches” de Constanzo, y la cifra que manejan es, por eso, absolutamente falsa. No son los antorchistas, pues, sino Constanzo y su pandilla, quienes se burlan de la opinión y del voto de los ciudadanos, confiados en que nadie puede desmentirlos y menos castigarlos. Pero, cuando menos en lo del desmentido, se equivocan. Antorcha lo hará con pruebas irrefutables; los humildes sin vivienda le echarán agua al vino con que ya festejan los tramposos y su jefe. Y, mientras tanto, seguirán su lucha por una vivienda digna para todos, en Texcoco y donde quiera que haya un mexicano sin ella. No serán unos cuantos mapaches con cola de avestruz quienes los hagan desistir de tan noble tarea.

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