09-12-2019 02:59:00 PM

¿El ejército nos curará de todo?

Secretario General del Movimiento Antorchista Nacional

Flota ya en el ambiente nacional una nueva idea “genial”, una “original” aportación que todos los medios informativos atribuyen a los señores integrantes del H. Congreso de la Unión, según la cual, para acabar de raíz con el crimen “organizado” y el narcotráfico,  con el lavado de dinero íntimamente ligado a ellos, con el contrabando de mercancías y de armas que, se dice, está arruinando a la industria nacional y fortaleciendo a los delincuentes, la única solución efectiva es poner todas, pero absolutamente todas, las aduanas del país, en manos del Ejército.

Marx escribió alguna vez que el “cretinismo parlamentario” es una curiosa y pegajosa “enfermedad profesional”, que consiste en que los señores parlamentarios, más tarde o más temprano, terminan creyendo que su función legislativa es la única que sirve para algo, la única que vale la pena realizar entre todas las que tiene encomendadas el aparato de gobierno. Y eso por la sencilla razón de que, según ellos, todos los problemas que aquejan, o pueden llegar a aquejar, a una sociedad, se pueden remediar, de modo barato, sencillo y rápido, con una nueva ley. La ley es el bálsamo de Fierabrás (Cervantes dixit) que todo lo cura con sólo administrar al enfermo unas cuantas gotas en el momento oportuno. Pero hay más. El cretinismo parlamentario también consiste en que los señores legisladores, cuando legislan, no tienen en la cabeza al mundo real, a la sociedad que realmente existe más allá de las cuatro paredes dentro de las cuales sesionan, con sus problemas, carencias y necesidades; sino una realidad y una sociedad imaginarias, que ellos crean y dibujan en su fantasía de acuerdo con su propia visión del mundo y la de los partidos que los llevaron al poder, cuyos intereses (de todo tipo) son los que realmente defienden y representan.

Al enterarme de la nueva encomienda que los señores legisladores quieren endilgar a nuestro sufrido Ejército, no he podido evitar el simpático recuerdo de aquellos también simpáticos merolicos de mi infancia, que vendían un “jarabe”, uno sólo, que curaba todas la enfermedades. Señor, señora, señorita, ¿padece usted de insomnio? Al levantarse ¿le duelen todos los huesos? ¿Le duelen las rodillas al caminar? ¿Siente usted mareos, que le faltan las fuerzas, que se le corta la respiración? ¿Le duelen los riñones? ¿Tiene usted problemas al orinar? Si es así, no se preocupe más, que ha llegado hasta su pueblo, hasta la puerta de su casa, el remedio que estaba usted esperando, y sólo por el módico precio de veinte pesitos. Aquí está su cura, aquí está su alivio; sólo tome un frasco completo del  jarabe milagroso que hoy le ofrecemos casi regalado, y sanará instantáneamente no sólo de todos sus males presentes, sino también de los que le puedan sobrevenir en el futuro.

Recuerdo y sonrío, sobre todo porque el famoso jarabe se vendía como pan caliente. Y pienso: es que nuestro Ejército, ciertamente casi la única institución del Estado  mexicano que el pueblo humilde quiere y respeta porque aun la siente suya, educado y armado para tareas tan altas como la defensa de la soberanía y la integridad territorial de la Patria, pero al que, ya ahora, se le trae de aquí para allá en inundaciones, huracanes, derrumbes de caminos mal hechos, temblores, accidentes graves de tránsito y, últimamente, en la primera línea de combate al crimen que llaman “organizado” ¿es una especie de jarabe de merolico que nos sanará de todos nuestros males presentes y futuros? ¿Creen realmente los señores legisladores que basta con colocar a nuestros heroicos y sufridos soldados allí donde hay un problema grave, y donde han fracasado todos los funcionarios civiles y los políticos profesionales que reciben altísimos sueldos  que paga el propio pueblo con su miseria, para que dicho problema se cure como por encanto?¿No será más bien (sigo reflexionando) que estamos ante una prueba más (porque ha habido otras, y muy elocuentes) de que nuestros legisladores se hallan atacados ya de esa peligrosa enfermedad profesional a la que Marx (y no yo) llamó “cretinismo parlamentario”? Porque vamos a ver. ¿Ignoran los legisladores que si nuestras aduanas están convertidas en auténticas coladeras por donde pasa todo, ello no sólo es culpa del personal que allí labora, y ni siquiera de los altos mandos de todas las aduanas del país? ¿Creen realmente que el fabuloso negocio de introducir al país contrabando de todo tipo, incluidas las armas, “negocio” que se tasa en miles de millones de pesos, es propiedad exclusiva de empleadillos de tercera (o de primera si se quiere) y que son ellos los que se embolsan esos ríos de dinero? Si verdaderamente piensan todo eso, no hay duda de que están enfermos de “cretinismo parlamentario”.

Porque la “corrupción” está en todas partes; es una gangrena que está pudriendo al cuerpo entero de la nación, comenzando con el propio aparato de gobierno dentro del cual se hallan los propios señores legisladores. ¿No son ellos quienes, un día sí y otro también, hablan, acusan y exigen castigo para la corrupción que practicó, dicen, desde la más alta magistratura, la así llamada “pareja presidencial” Fox-Sahagún? ¿Y hay mexicano que ignore que las fortunas que se recolectan todos los días por “mordidas” (desde las del agente de tránsito hasta las de los elegantes delincuentes de cuello blanco, que “cobran” por cualquier servicio, por cualquier trámite, por cualquier constancia o documento que requiera de su firma), que esas fortunas, digo, se reparten entre toda la cadena de mandos, hasta llegar a los más encumbrados, y que es por eso que no se sanciona a sus ejecutores directos ni hay medida, por “genial” que sea, que le ponga freno? ¿Hay en México quien no sepa que las grandes fortunas privadas, esas que se ofrecen como modelo de honradez y fruto de la laboriosidad de sus dueños, comenzaron todas (y muchas así continúan) con un acto de fraude, con una asignación privilegiada de obra pública mal ejecutada, con tráfico de influencias, con la compra, a precio de regalo, de bienes nacionales o mediante especulación criminal gracias, por ejemplo, a la información ilegal de una devaluación en puerta?

La “corrupción” en México ni es excepcional ni se localiza sólo en los escalones inferiores del poder público o de los negocios privados. Está en todo el sistema; es orgánica, estructural, porque el sistema mismo la necesita para funcionar. Por eso, proponer que el Ejército mexicano se haga cargo de las aduanas para expulsarla de ahí, o es un acto de miopía absoluta, de “cretinismo parlamentario”, o es un acto de hipocresía y de complicidad.

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