20-09-2021 12:09:17 PM

Callisto

TORSTEN KROL

CALLISTO

SALAMNDRA

 

 

"Dénle una máscara a un hombre y dirá la verdad", dijo el infalible Oscar Wilde, y "Callisto" ha sido escrito con seudónimo por un novelista que no se llama Torsten Krol, y que nadie ha visto, porque jamás ha concedido una entrevista y sólo se comunica por mail, dicen sus editores. Krol posiblemente vive en algún lugar de Australia. Su segunda novela, cuyos derechos se han vendido ya a catorce países, es trepidante y cómica. Los críticos más entusiastas han visto en ella un cruce entre el lenguaje visual de los hermanos Cohen y la mirada crítica de Michael Moore.

Un tipo altísimo, de 21 años, Odel Deefus -"No soy de raza negra, como podríais pensar por mi nombre, sino blanca", explica- se dirige en un autobús en dirección a Callisto. Es de noche, y Odel va escribiendo a toda la velocidad su historia:

Primero, él iba a enrolarse para partir a Irak, por unos dólares más. Pero antes, mata con un bate de béisbol a Dean Lowry, un islamita secreto. Es casi un accidente, una muerte rápida, increíble y poco espectacular. Lo que sí es raro, es todo lo que Odel es capaz de hacer a partir de ahí para esconder el cuerpo del delito. Su estilo es el de Laurel y Hardy dando tortazos lentos pero seguros, con toda la pinta de un tipo bueno y desapegado que se mete en un lío cualquiera, un lío que termina por volverse un enredo mayúsculo.

Hay mucha acción y mucho diálogo en Callisto, y no faltan "los buenos de la película": efectivos de una agencia más secreta que la CIA.

"¿Qué es lo que Bob necesitaba para incrementar las posibilidades electorales del senador? -dice un personaje-. Necesitaba otro Once de Septiembre, para que la gente se indignara y votara por la línea más dura". Tal como Krol lo cuenta desde su personaje freak, lo inverosímil sigue siendo inverosímil, pero se cree.

El mismo dice que ha descubierto que se puede mentir mucho diciendo la verdad. Y que a veces es mejor no decir nada, ni siquiera la verdad: "Había captado el mensaje de mi gobierno, alto y claro, y en ningún momento se me ocurriría quejarme de malos tratos, jamás. Yo no había estado preso, había sido invitado en una suite de lujo. Muchas gracias. No me habían torturado, sino que me habían interrogado a fondo. Muchas gracias. Yo nunca había sido un sospechoso, sino una persona que había despertado su interés. Muchas gracias una vez más".

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