Inicios que marcan destinos

Por Valentín Varillas

 

Arrancaron campañas quienes buscan gobernar Puebla y lo hicieron en completa sintonía con el posicionamiento real que muestran todas las encuestas publicadas hasta el momento.

El de Barbosa es el tradicional inicio del favorito: masivo, el de mayor concurrencia y cobertura mediática, al que todos quieren asistir.

El que no se puede perder Yeidckol Polevnsky, la lideresa partidista que fue un apoyo fundamental para el candidato y la que se jugó sus reales políticos en el proceso interno poblano.

También es el de la “apertura”, el de la inclusión, en donde por el momento caben todos, hasta aquellas rémoras impresentables que  -apenas hace unos meses- idearon y operaron campañas negras en contra de Morena y su abanderado.

Hoy no suman ni abonan nada, pero su cobardía y sumisión permite tenerlos a raya en tiempos de definiciones.

Ni hablar, así es la política.

Los más de 20 puntos de ventaja con los que empieza la campaña, son fundamentales para definir la retórica de Barbosa, no solo en el evento de ayer, sino en los 59 días restantes de trabajo político.

El discurso de la reconciliación, de la cicatrización de heridas, del fin de la polarización de la vida pública poblana, es el que debe manejar el virtual ganador.

Administrar la enorme delantera evitando confrontaciones, dándole la vuelta a cualquier provocación y minimizando la posibilidad de cualquier escándalo, parece ser el mayor reto.

Le ayuda el hecho de que ya no estén quienes en su momento financiaron la intensa madriza en su contra y el que los medios que se prestaron para ello, hoy sufren de una cobarde esquizofrenia en su línea editorial, que tiene como consecuencia que lo alaben prácticamente todos los días.

La otra cara de la moneda la representa el arranque de Enrique Cárdenas.

El “anti-partidos”, que hoy es candidato de nada más tres, no estuvo ni siquiera cerca de cumplir las expectativas que ha puesto en él lo que queda del anti-barbosismo.

Poca gente, mala imagen y un muy tibio discurso, no son precisamente los atributos que un candidato potencialmente ganador quisiera tener.

Quien fuera un agudo, certero y brillante crítico de Moreno Valle y su gestión, vive la paradoja de no poder sumar el anti-morenovallismo a su proyecto, por el simple hecho de que hoy es respaldado por el partido político que le permitió a Rafael llegar a lo más alto del poder político, aplaudiendo y avalando cada una de las acciones que llevó a cabo como gobernador.

Esta pesada carga resulta demoledora al momento de tratar de sumar adeptos.

Los asesores de campaña y expertos en el marketing político, tendrán un reto monumental al intentar darle forma a un discurso que privilegie la congruencia y al mismo tiempo no rompa con los apoyos de lo que queda del que hasta hace muy poco era el grupo hegemónico de poder en Puebla.

Reto titánico que no parece tener forma de sortearse con éxito.

El de Jiménez Merino es el arranque del que de plano se sabe derrotado e intenta sumar lo que se pueda.

Con el pésimo posicionamiento del logo y el partido a cuestas, el priista parece condenado a otro tercer lugar en la contienda.

La pandilla que regresó al PRI a la presidencia, lo hizo para saquear al país, nada más, y condenó al auténtico priismo y a sus candidatos -por muchos años- al ostracismo político.

La del tricolor, será seguramente una campaña que se centre en las zonas rurales en donde reside lo que queda de su voto duro y en donde a su candidato lo conocen por haber sido Secretario de Desarrollo Rural del gobierno del estado de Puebla y posteriormente delegado federal de la Secretaría de Agricultura.

Un perfil sacrificable con un discurso tibio, para un partido que vive sus horas más oscuras y se encuentra en un real peligro de extinción.

Pocas sorpresas veremos en esta campaña rumbo a la extraordinaria de junio próximo,  a diferencia de lo que sucedió el año pasado.

La virtual falta de incertidumbre en el resultado final, seguramente tendrá como efecto una dinámica completamente distinta al vértigo en el que se vio envuelta Puebla al cierre del 2018.

Para bien o para mal, depende del personalísimo crisol con el que se mire, esta es la nueva realidad política local, la que cambió de manera radical en un suspiro y que no tiene, porque no ha tenido nunca, palabra de honor.

Quien no lo entienda a estas alturas…

 

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