Anaya-Meade: siameses

Por Valentín Varillas

 

Pocas cosas enojan más a panistas y priistas, que el hecho de que en el discurso de Andrés Manuel López Obrador se les etiquete como “lo mismo”; parte de un todo perverso que conforma la tristemente célebre mafia del poder.

Sin embargo, en los hechos parece que sus abanderados a la presidencia toman decisiones que confirman la retórica del candidato de la izquierda.

La simbiosis entre personajes que, en teoría, deberían de ser fieles a filosofías mutuamente excluyentes, que no tienen nada que ver entre sí, cada día es más evidente.

El nombramiento de la plana mayor de sus respectivas campañas y la asesoría tras bambalinas de personajes que operan desde distintos ámbitos, es una prueba contundente de lo anterior.

Sus perfiles y pasado los delatan.

José Antonio Meade tiene ya a Alejandra Sota, ex vocera presidencial de Felipe Calderón, como la encargada de su estrategia de comunicación.

La que no pudo jamás comunicar con eficacia los alcances reales y los supuestos logros de la guerra contra el crimen en el sexenio calderonista, se encargará de la manufactura de los mensajes y la difusión de una campaña tibia, que no prende y mucho menos pega entre importantes sectores del electorado potencial, como los jóvenes.

Además, como vocero tiene a Javier Lozano Alarcón, otro funcionario de la gestión de Felipe Calderón, ahora ex panista, quien ha tomado la bandera del golpeteo directo y la crítica despiadada en contra de los adversarios de Meade.

No con un cargo específico en la campaña priista, pero detrás de cámaras, el abanderado tricolor cuenta con el apoyo y la capacidad de operación del resto de los autonombrados “panistas rebeldes” : Roberto Gil Zuarth, quien recientemente renunció al escaño que ocupaba en el Senado de la República, en un acto de protesta en contra de la dirigencia nacional del partido y Ernesto Cordero, quien sigue en la cámara alta del legislativo nacional y desde ahí se ha subido al escarnio contra Anaya al pedir que la PGR investigue el tema del lavado de dinero que presuntamente lo involucra.

Para nadie es un secreto el hecho de que el ex presidente Fox, se ha convertido en penoso palero de todo lo que se hace desde Los Pinos y el tema del candidato presidencial oficial no es la excepción.

Vicente aplaude invariablemente a Meade desde mensajes y videos que alegre sube a sus cuentas en redes sociales e intenta, a medida que lo permiten sus cada vez más limitadas capacidades, atacar a sus contrincantes políticos.

El neo-salinismo que alguna vez se vistió de oposición al PRI.

Pero Fox también tiene ligas importantes, irrompibles, con gente muy cercana al proyecto de Ricardo Anaya.

Es el caso del gris Santiago Creel, quien fue Secretario de Gobernación en el mal llamado “primer gobierno del cambio”.

Creel se vende como el auténtico maestro de Ricardo Anaya, en esto de las sucias artes de la política y asegura, orgulloso, que el joven queretano es “su hechura al 100%”.

Además de Creel, otro ex funcionario del gobierno de Fox, Jorge Castañeda Gutman, ante el fracaso de su aventura independiente ha decidido sumarse con todo, desde la trinchera mediática y académica a impulsar la candidatura del panista.

Una figura tenebrosa une los perfiles de Castañeda, Fox y Creel: la de Elba Esther Gordillo.

Desde aquel grupo San Ángel y bajo la tutela de Salinas, los tres se sumaron al trabajo político que intentaba derrocar a la facción del PRI encabezada por Ernesto Zedillo, que había roto irremediablemente con Salinas y resultaron al final fundamentales para la victoria de Vicente.

Hoy aparece más cerca de Ricardo Anaya de lo que usted y yo nos imaginamos.

Además, como joya de esta vergonzosa corona, en el ambiente político de la ciudad de México se da por un hecho que el proyecto de gobierno del panista, la plataforma que lanzará y defenderá durante la campaña presidencial, la está realizando uno de los despachos de asesoría que son propiedad de Alberto Bazbaz, ni más ni menos que el titular del Centro de Información y Seguridad Nacional (CISEN) que maneja el gobierno federal priista de Enrique Peña Nieto.

Sí, ese CISEN que en teoría sigue de noche y de día al candidato panista y que comete errores de primerizo como hacer que sus agentes revelen, a cualquiera y a la primera, su verdadera identidad.

Bazbaz es considerado como uno de los personajes más cercanos y leales al presidente, un incondicional que se formó políticamente en aquel grupo Atlacomulco, al que por cierto le debe todo lo que es, para bien o para mal.

Increíble ¿no cree?

¿Y entonces?

¿Hay o no evidencia para pensar que, más allá de colores, logos y partidos, Meade y Anaya integran una convenenciera dupla que simplemente se pasan entre sí los beneficios, políticos y económicos de ocupar la cima del poder político en México?

“No es lo mismo, pero es igual”-diría el clásico.

 

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