23-06-2018 11:12:36 AM

Ayer, perseguidos…hoy legitiman

Por Valentín Varillas

 

Personajes que fueron víctimas de salvajes persecuciones, políticas y judiciales, cuando Rafael Moreno Valle estaba en la cúspide del poder poblano, hoy serán utilizados para legitimar electoralmente al grupo que los maltrató hasta la saciedad y permitirá que éste se vista con el traje de la inclusión y la apertura.

Bizarro.

Todo, por un cargo de elección popular.

Sacrificar dignidad y congruencia parecen hoy ser la moneda de curso corriente en la política local y tal parece que nadie se salva.

Ya hemos hablado hasta la saciedad del caso Eduardo Rivera y los motivos que lo orillaron a aliarse con quienes no tuvieron empacho en etiquetarlo como un ladrón y se atrevieron a brincar el inviolable espacio de la esfera familiar para arremeter con todo en contra de sus más íntimos.

No es el único, faltaba más.

Ahí está Paco Fraile quien parece sufrir de una convenenciera esquizofrenia en lo que a Moreno Valle se refiere.

Del odio al amor y viceversa, en tiempo récord.

En las horas más oscuras de la relación, los operadores de Rafael le habían dado forma a un voluminoso expediente en donde juraban que quedaba demostrada la manera en la cual, desde la delegación del IMSS que Fraile encabezaba, se perdían intencionalmente los juicios que los derechohabientes deudores llevaban a cabo en contra del instituto.

Claro, previo pago de la consabida comisión.

Además, al interior de la Secretaría de la Función Pública , existía también un expediente, el 2282/2012, en donde se le acusaba de “anomalías en la ejecución de obra pública en el Hospital de La Margarita de la Ciudad de Puebla”, específicamente por modificaciones al presupuesto de inversión correspondiente al 2012.

Cuando la relación mejoró y se retomaron los acuerdos, la magnífica relación de RMV con el gobierno federal resultó fundamental para que todo, absolutamente todo lo anterior, quedara en el olvido.

Hoy, Fraile busca ocupar un lugar en la fórmula que el morenovallismo perfilará para el senado de la República.

¿Y qué me dice de Roxana Luna Porquillo?

Este es tal vez el caso más radical, incluyendo el del propio Rivera Pérez.

Pocos personajes del mundo político poblano fueron etiquetados con tanta contundencia como “enemigos del sistema”.

La valiente defensa del caso Chalchihuapan hizo que se lo ganara a pulso, en la bizarra óptica de Moreno Valle y sus secuaces.

Exponer el uso y abuso de las instituciones del Estado, para encubrir a los policías estatales que asesinaron al niño indígena José Luis Tehuatlie Tamayo y mostrar las enormes deficiencias que tenía la mentirosa versión oficial de los hechos, resultó imperdonable para el entonces gobernador.

Roxana no escatimó adjetivos para describir la personalidad del entonces jefe del ejecutivo poblano.

Se fue con todo, con las consecuencias que esto conlleva en un régimen como el que se vivió en este estado el sexenio anterior.

De inmediato, se asumió como “perseguida política” y gritó a los cuatro vientos que temía por su vida.

Sobra decir que hacía responsable a Moreno Valle de cualquier cosa que pudiera pasarle a ella o a su familia.

En este contexto, Luna Porquillo fue fundamental para que su partido, el PRD, no se sumara a la alianza de partidos que perfilaba a José Antonio Gali como candidato al gobierno estatal en el 2016.

Alianza que, en este año, apoya entusiasta con tal de amarrar la candidatura a una diputación federal.

Pocos casos, pero sumamente reveladores.

Es lógico pensar que próximamente habrá más, muchos más.

Todo depende de cómo amanezca, en el momento de las definiciones, la cotización dignidad-ambición política.

 

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