20-06-2018 12:16:00 PM

Analogías 2013-2018

Por Valentín Varillas

 

Después de haber protagonizado una de las peores coexistencias entre niveles de gobierno en la historia del estado, Rafael Moreno Valle y Eduardo Rivera firmaron una tregua de tensa calma en la coyuntura electoral del 2013.

Era una elección de altísima prioridad para el entonces gobernador, ya que buscaba hacerse de las posiciones políticas de mayor importancia en Puebla: la absoluta mayoría en el Congreso y el gobierno de los principales ayuntamientos.

Además, de ese proceso dependía que pudiera perfilar con éxito a su inminente sucesor, Tony Gali, que competía para convertirse en alcalde de la capital.

Y entonces, tal y como sucede ahora, se dejaron a un lado las diferencias en aras de buscar una ficticia unidad que sirviera, por lo menos, para cumplir con los objetivos planteados.

En el caso de la ciudad de Puebla, el candidato del gobernador necesitaba de la operación electoral del gobierno de la capital, en manos de Rivera y el panismo dogmático, por lo que la falsa operación cicatriz se echó a andar.

 

Se olvidaron por un momento los agravios entre ambos y se pusieron a diseñar una estrategia de supuesto trabajo conjunto que contaba con el aval del CEN blanquiazul y que tenía también como uno de sus ejes principales el lograr la sumisión del PRI y su candidatos, gracias a las presiones del gobierno federal, en eterna luna de miel con el gobierno panista del estado de Puebla.

En un momento dado, Moreno Valle dio visos de inclusión a una serie de nombres que manejaron los liderazgos del autonombrado “auténtico panismo”, que en teoría llevarían cabida en el reparto de cargos de elección popular.

Surgieron nombres como los de Ana Teresa Aranda, Humberto Aguilar Coronado, Myriam Arabián y hasta el de Luis Paredes, quien a pesar de su eterno pleito con el panismo que lo persiguió (Lalo Rivera y demás) era considerado como una interesante fuente de votos potenciales para el partido.

Inclusive, como muestra de buena voluntad y disposición, Ana Tere acompañó al precandidato Gali a algunos actos públicos, previo al inicio formal de la campaña y declaró a favor de su proyecto de gobernar la ciudad, algo que en ese momento era considerado como insólito.

Aranda fue invitada en el 2010 para ser compañera de fórmula de Moreno Valle y competir por la presidencia municipal de Puebla, algo que rechazó de manera tajante y contundente a través de durísimas declaraciones hechas a diferentes medios de comunicación.

Las cosas habían cambiado y de manera radical.

Además, Rivera recibió la promesa directa de Rafael de que sus cuentas públicas no tendrían el menor problema al momento de su aprobación, por parte de un legislativo local abyecto y solícito de atender de inmediato las ordenes que desde Casa Puebla se daban.

También que personajes de su entera confianza e incondicionalidad no se quedarían desamparados y seguirían siendo parte de la estructura de gobierno, aunque fuera en otro cargo de menor jerarquía.

Se plantearon también el respeto y mantenimiento de algunos temas que eran de altísimo interés para el entonces alcalde, un punto fundamental de la cortesía política entre el que se va y el que llega a ejercer un cargo público.

Sin embargo la alianza, sostenida con alfileres, duró poco.

Ya amarrado Gali como candidato, una vez que se cumplieron a cabalidad los trámites de la burocracia partidista y con la estructura de operación electoral lista y afinada, poco a poco se fueron olvidando los compromisos y los acuerdos.

Los nombres de perfiles propuestos por el panismo se archivaron y quedó el tema de la cuenta pública como la condición única y necesaria para garantizar que, desde el gobierno de la ciudad, no se iban a escatimar esfuerzos para hacer ganar al candidato del gobernador.

Y así fue.

Ya en el poder, la división entre grupos fue todavía mayor.

Ni posiciones, ni acuerdos, ni intereses mutuos.

Al contrario.

Se dio luz verde para darle forma al proceso legislativo en contra del ya ex edil, para echarlo fuera del reparto de posiciones en el 2018.

Hoy, otra vez, el acercamiento.

Un acercamiento que luce cortoplacista, que no se plantea un proyecto conjunto de gobierno y que tiene el único objetivo de ganar un proceso electoral.

El poder por el poder mismo.

No descarte, sin embargo, que de cumplirse la meta, la coexistencia fracase otra vez.

Y podrían entonces volver los desencuentros, enfrentamientos y desplantes que ya vimos antes, pero ahora recargados.

Sí, la historia es demoledora en casos como este y nos enseña que quien no aprende nada de ella, está condenado a repetirla.

 

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