23-06-2018 10:50:53 AM

“O se alinean a la cargada, o se los lleva la chingada”

Por Valentín Varillas

 

“O se alinean a la cargada, o se los lleva la chingada”.

Esta ha sido la frase característica que desnuda la forma de hacer política que desde su arribo al poder ha ensayado la facción priista que encabeza el presidente Enrique Peña Nieto.

Al interior de ese partido, se considera inclusive que se trata de una auténtica marca registrada; una especie de denominación de origen, que se ha convertido en el sello característico de quienes se formaron políticamente bajo el amparo de los fundadores del tristemente célebre “grupo Atlacomulco”.

En la coyuntura electoral actual -la más importante que han enfrentado hasta el momento y de la que depende no solo su vigencia en la política, sino hasta su propia libertad- nuevamente hacen gala de la maestría que han adquirido para llevar a cabo los tradicionales “apretones de huevos”.

Así es como los llaman ellos.

La intención es clara: sumar –voluntariamente o no- la mayor cantidad de apoyos al interior para su candidato a la presidencia o bien minimizar hasta donde sea posible la probabilidad de que aliados potenciales, ante su cerrazón, decidan buscar otros derroteros y poner su capital político al servicio de un proyecto diferente.

De ese tamaño es la obsesión por el triunfo y lo que está en juego en este proceso electoral.

El primer receptor del mensaje ha sido Manlio Fabio Beltrones, quien en el 2016 fungía como líder nacional del tricolor y quien a pesar de los vaivenes y la bipolaridad priista, se ha mantenido en las filas del partido.

La encarcelación de uno de sus aliados, acusado del desvío de recursos públicos con fines electorales en el estado de Chihuahua en el proceso local que llevó a Javier Corral a la gubernatura, lleva el sello de Los Pinos.

Se elige a un gobernador de oposición para que tire la piedra y mueva las aguas, para que se desencadene un tsunami político que coloca al grupo de Peña en una posición de ganar-ganar.

El problema es que, desde el inicio, Corral no supo interpretar adecuadamente el papel que le encomendaron en esta auténtica comedia de vodevil.

Cuando el tema comenzó a tener repercusión mediática, antes del encarcelamiento de Alejandro Gutiérrez, ex -secretario adjunto del CEN del PRI en tiempos de Manlio, el propio Corral quiso conjurar el escándalo y se apresuro a exonerar, desde su cuenta en Twitter, a cualquier personaje miembro de la dirigencia  nacional tricolor de conductas que podrían ser consideradas como delito.

El jalón de orejas llegó de inmediato y fue de tal magnitud, que poco minutos después el mensaje en redes había desaparecido.

Cientos son las copias que por todos lados circulan de las líneas escritas por el gobernador de Chihuahua, como contundente comprobación de lo anterior.

La elección de ese estado como punta de lanza de las denuncias de desvíos de recursos públicos con fines políticos tampoco es casual.

A pesar de ser priista, el ex -gobernador César Duarte es una figura absolutamente prescindible para los intereses presidenciales.

Es más, se trata de un personaje, como su tocayo de apellido de nombre Javier, Beto Borge o Tomás Yarrington, que fueron seleccionados para lavarle la cara al régimen priista y venderle a la opinión pública una cruzada anticorrupción inexistente y que en los hechos no es más que un ajuste de cuentas entre mafias.

¿Cuántos de los millones que se robaron ellos no tuvieron como destino final la campaña presidencial de Peña en el 2012?

Imposible saberlo.

Antes: indispensables, hoy: desechables.

El ingrato saldo de la política.

No es, sin embargo, el primer agravio que existe entre el grupo de Peña y Beltrones.

Como líder del partido, el sonorense tuvo que asumir las consecuencias de las derrotas del tricolor en las elecciones estatales de hace año y medio, cuando muchas de ellas se dieron por acuerdos cupulares y pactos inconfesables que el gobierno federal echó a andar con otros actores políticos nacionales.

Los Pinos, en casos como el de Puebla, ganó mucho cuando “su partido” perdía.

Lo anterior, tuvo como consecuencia que buena parte del llamado “priismo de auténtica militancia”, explorara nuevas vías dentro de su proyecto de futuro político.

Manlio Fabio entre ellos.

Para nadie es un secreto el acercamiento que ha existido entre personajes ligados a él y operadores de la más absoluta confianza de Andrés Manuel López Obrador.

Además, Beltrones ha declarado hasta el cansancio la inviabilidad del sistema político mexicano actual y la necesidad urgente de que éste se transforme de manera radical.

A través de entrevistas y publicaciones en sus redes sociales, ha dado a conocer su propuesta de establecer en México un gobierno de coalición, en caso de que ningún candidato consiga, como mínimo, un 42 por ciento del total de la votación en el 2018.

Es decir, habría que negociar posiciones con otras fuerzas políticas.

¿Qué tanto concuerdan Peña y su grupo con estos postulados?

¿Qué tanto, su puesta en marcha afectarían los intereses del actual grupo en el poder?

¿Qué tanto, supuestas “afrentas” como estas explican la actual cacería de brujas contra quienes han sido declarados como enemigos internos?

Sí, es la aplicación de la ley y el estado de derecho a conveniencia.

El uso y abuso de las instituciones del estado mexicano para lograr beneficios políticos cupulares.

Sí, nada ha cambiado.

Por cierto, si lo que se denuncia en Chihuahua no tiene un trasfondo político, ¿no tendría que ser Videgaray el principal responsable?

Sí, el mismo que no ha sido ni siquiera tocado en las investigaciones ni en las columnas periodísticas dedicadas a analizar estos hechos.

Raro, muy raro.

 

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