23-06-2018 11:10:47 AM

Loranca rompe el silencio

Por Valentín Varillas

 

Al magistrado federal Carlos Loranca, la vida le cambió a principios de octubre pasado, cuando se hizo pública una fotografía en donde aparece compartiendo con Othón Muñoz Bravo, “El Cachetes”, presunto líder huachicolero poblano.

A partir de ahí, el que era uno de los más influyentes miembros del poder judicial federal ha vivido sus horas más oscuras.

Y es que, más allá de impacto mediático de la imagen y de que se haya dado a conocer también la existencia de una sociedad mercantil entre ambos personajes, la situación legal actual de Loranca es muy poco clara.

Es más, podría decirse con absoluta certeza que se encuentra en un auténtico limbo.

No ha sido declarado -por lo menos no desde el punto de vista legal- culpable de la comisión de ningún delito por el Consejo de la Judicatura Federal, quien en torno al caso Loranca se ha limitado a declarar una y otra vez, que simplemente se están llevando a cabo las investigaciones pertinentes.

Nada más.

Es por ello, que desde hace días circula entre poderosos personajes miembros del poder judicial federal, un documento en donde, de su puño y letra, Carlos Loranca fija su postura en torno a su presunta relación con el tristemente célebre “Cachetes” y el periplo que ha vivido a partir de que se le ligó a él.

La carta, dirigida a todos y a nadie en específico, tiene párrafos reveladores que vale la pena compartir con usted :

 

“Soy Carlos Loranca Muñoz titular del 1er tribunal unitario del sexto circuito y aparecí en una fotografía en la que compartía una mesa con Javier Lozano y Othón Muñoz al que la prensa y la Marina atribuyó era líder huachicolero.

“Al encontrar que yo había celebrado una sociedad mercantil con ese sujeto. La prensa me empezó a atribuir nexos con delincuentes y el Consejo de la Judicatura Federal resolvió mandarme de comisión a chihuahua por 6 meses.
“Cumpliendo la comisión me fui pero solicité licencia médica y no solo me la negaron sino que me suspendieron en mi función por tiempo ilimitado. Separándome de mi cargo para someterse a una investigación de la cual no tengo la mínima información de que es lo que se me atribuye.
“¿Que quiero? Que respeten mis derechos humanos; mi presunción de inocencia y que me regresen al tribunal del cual soy titular desde hace 15 años y del que jamás se me fincó una responsabilidad ni siquiera administrativa.
“Si soy responsable que se me separe. Pero mientras eso no lo determine un juez, exijo me respeten mis derechos fundamentales”.

 

Hasta aquí la cita.

Las interpretaciones que pudieran detonar la lectura de estas líneas seguramente serán de lo más diversas y dependerán de intereses particulares, conveniencias, traiciones, además de las naturales filias y fobias que entre los potenciales lectores pudieran despertar tanto el desempeño profesional como la propia personalidad de Carlos Loranca.

Hoy, sin embargo, existe una contundente realidad:

Por más extraño y surrealista que parezca, Othón Muñoz goza de la libertad bajo caución y espera cómodamente en casa la resolución de un juez sobre su caso.

A partir de su liberación -aunque no ha sido declarado inocente de los delitos que se le imputan-la violencia y los muertos en el llamado “Triángulo Rojo”, derivados de la lucha que protagonizan los grupos criminales que se diputan el territorio, han disminuido dramáticamente.

Raro, muy raro.

Sin embargo, tal parece que los verdaderos damnificados de la historia de “El Cachetes” han sido quienes en su momento, por complicidad, amistad o casualidad, fueron captados con él en sendas fotografías.

El verdadero protagonista, feliz, ríe disfrutando cómodamente del show, acompañado de una inmensa bolsa de palomitas.

Las palomitas de la impunidad.

 

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