14-07-2020 06:14:44 PM

El juguete rabioso

Por Valentín Varillas

En todas, absolutamente todas sus giras proselitistas por el país, Rafael Moreno Valle habla de la necesidad de que el Partido Acción Nacional, “su partido”, llegue unido a enfrentar las coyunturas electorales de este año y el próximo, fundamentales para el fortalecimiento político del blanquiazul.

En los hechos, sin embargo, mueve sus piezas en aras de generar división y fractura al interior, el escenario más conveniente para sus intereses propios.

En Puebla, no puede ser sinónimo de unidad la persecución a mansalva de panistas ajenos al grupo político hegemónico en el estado, aquellos que en su momento le abrieron las puertas a Rafael, creyeron en él y lo vieron como la única posibilidad real de ganar Casa Puebla.

En realidad no ganaron nada.

Al contrario.

Desde su llegada al poder, el morenovallismo los desterró y aniquiló sus posiciones.

Lejos de seguir los estatutos e ideología del partido, en Puebla se ensayó un gobierno que aplicó a mansalva las formas priistas en su estado más puro.

La aniquilación de quienes se sumen como “panistas tradicionales” es fundamental para mantener el control absoluto de Acción Nacional en la entidad y protegerse de los impredecibles vaivenes de los acuerdos que se den a nivel nacional de cara al proceso presidencial del 2018.

Si Moreno Valle negocia el estado a cambio de sacrificar sus aspiraciones presidenciales, se vacuna del hecho de tener que repartir posiciones a grupos que le resultan antagónicos y que se beneficiarían de su operación electoral.

Si al final existe rompimiento con el partido, Puebla se convertiría en el único feudo morenovallista nacional, en donde se echaría a andar una estructura paralela a la del partido que estaría jugando únicamente para los intereses del grupo y seguramente para los del presidente Peña Nieto.

Y es que, el inquilino de Los Pinos, por surrealista que parezca, es un factor de peso para decidir el futuro del PAN en el corto y el mediano plazo.

Los amarres a prueba de sangre y fuego, que en su momento signaron el priista y Moreno Valle, gozan de cabal salud y se fortalecerán a medida que se acerque el momento de las definiciones.

Van juntos, hasta el final, pase lo que pase.

En este contexto, se entiende también la convenienciera ausencia del ex gobernador de Puebla, como parte de los liderazgos panistas que se han unido en torno a la candidatura de Josefina Vázquez Mota en el Estado de México.

La decisión de sumarse o no a la panista dependerá de lo que marquen las encuestas y de las posibilidades que tenga el abanderado priista, Alfredo del Mazo.

Si el pariente de Peña puede ganar solo, no habrá necesidad de echar mano de alianzas y amarres con la derecha nacional.

Si por el contrario, el heredero de las huestes del grupo Atlacomulco comienza a caer en picada y la candidata de Morena, Delfina Gómez Álvarez, se alza con posibilidades de triunfo, entonces la aplanadora morenovalllista empezará a jugar también en la elección mexiquense.

¿Y entonces?

¿Cuándo sí y cuándo no la unidad?

Es evidente que, más allá de ideologías, principios y farsas de supuestos gobiernos humanistas, el PAN ha sido para Rafael Moreno Valle un atractivo juguete, que pretende manejar a su antojo y de acuerdo con un beneficio absolutamente personal.

Nada Más.

Quienes hoy lloran como plañideras por lo anterior, son los mismos que le abrieron la puerta del partido y le permitieron hacerse con el centro neurálgico de la toma de decisiones partidistas, a través de la descarada infiltración del padrón de militantes.

Visos de fractura se ven cada vez más claros en la vida interna de Acción Nacional amenos que la amenaza de cárcel, hecha a la nomenclatura política del país por Andrés Manuel López Obrador, sea más fuerte que los ávidos apetitos personales.

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