03-08-2020 04:06:52 AM

AMLO, la transformación

Por: Valentín Varillas

No, al voto duro “pejista” no le gustó para nada el guiño de impunidad que le deslizo la semana pasada Andrés Manuel López Obrador a la nomenclatura política nacional.

El adelanto que hizo en redes sociales de que en su gobierno -de ganar, claro- no habrá una cacería de brujas en contra de quienes han llevado las riendas del país, desilusionó a un segmento de sus fieles seguidores.

Y es que, ellos esperan una congruencia absoluta de su mesías y pactar con quienes ha fustigado una y otra vez en el discurso, acusándolos de corrupto, no parece estar ad-hoc con esa imprescindible condición.

amlo

Eso ha vendido hasta la saciedad en sus dos campañas presidenciales anteriores y es el gancho principal que atrae a sus potenciales votantes.

Sin embargo, hay una lógica de rentabilidad electoral en ésta, la primera medida que toma en aras de mesurar sus mensajes políticos.

Andrés Manuel busca atraer a aquellos sectores de la sociedad que viven eternamente espantados por su supuesto radicalismo y quienes tienen grabado en su imaginario colectivo aquello de que el tabasqueño “es un peligro para México”.

De paso, en lo que se refiere a la vida partidista, el optar por un mayor grado de moderación en el discurso abre también la posibilidad de que grupos al interior del PRD no vean con malos ojos la oportunidad de amarrar una alianza con Morena.

Es evidente que a AMLO le gustaría formar un frente común de izquierda con su expartido, que minimice los efectos que en su contra puede tener el inminente bloque PRI-PAN que hará todo lo posible por impedir su llegada a la presidencia.

Pero hay más.

En un escenario de ruptura potencial entre el PRI del presidente Peña –que llevará mano, pie y cuerpo entero en la designación del candidato presidencial- y sectores tradicionales del partido que no vieron con buenos ojos el complot contra Manlio Fabio Beltrones en la coyuntura electoral estatal de este año, una porción nada despreciable de la militancia tricolor podría sumarse gustosa al proyecto político de López Obrador.

Lo mismo en el PAN.

El choque de trenes entre grupos al interior del blanquiazul parece inminente, por lo que la fractura puede ser de pronóstico reservado.

No descarte el hecho de que algunos militantes de la derecha institucional –los menos radicales, por supuesto- pudieran sumar política y electoralmente a favor de AMLO, aunque sea en lo oscurito.

Ahora bien, ¿gana o pierde realmente el tabasqueño con este nuevo discurso “light”, descafeinado?

Si bien, en los escenarios planteados unas líneas atrás el crecimiento electoral de su proyecto puede ser potencialmente gigante, el daño colateral puede ser una desbandada de “creyentes” que no confíen más en el guía de su rebaño.

Y es que, López Obrador le ha podido dar forma a una tercera candidatura presidencial competitiva, gracias a la vigencia y permanencia de su discurso.

Conformarlo en base a la persistencia de rezagos históricos imposibles de revertir en el corto y mediano plazo ha sido uno de sus grandes aciertos.

Ningún político en México puede jactarse de algo así.

Poner en riesgo la credibilidad y fidelidad de un voto duro que ha permanecido fiel a sangre y fuego durante tanto tiempo a cambio de flirtear con quienes AMLO ha destrozado en declaraciones arengas y libros, puede resultar fatal para sus aspiraciones.

Un arma filosa que puede herir de muerte a quien se lo juega todo en el 2018.

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