El fracaso independiente

Por: Valentín Varillas

No, no fue culpa de Ana Tere.

El hecho de que el primer experimento independiente en procesos electorales poblanos no se haya siquiera acercado a los resultados esperados, obedece a una serie de factores que van mucho más allá de la responsabilidad de la candidata.

Sí, es verdad, los números son fríos en política y arrojan resultados nada favorables para La Doña.

Según el PREP, alcanzó apenas 66 mil 766 votos, lo que representa un modestísimo 3.75% del total de la votación.

Fue, según estos datos, el último lugar de la contienda.

Es más, el número de votos nulos, 67 mil 374, superó a los de Aranda.

Ana Tere, denuncia

Sin embargo, en este caso particular, es urgente revisar las condiciones en las que se obtuvieron estos votos.

Puebla ha sido uno de los estados que más obstáculos han puesto a las candidaturas independientes.

Dejó un pésimo antecedente cuando el Congreso, manejado al cien por ciento por el ejecutivo, decidió darle forma a una ley electoral que volvía prácticamente imposible la inclusión de independientes en la contienda para renovar la gubernatura.

Las modificaciones hechas por los diputados fueron consideradas como de las más severas en todo el país, yendo así a contrapelo de una tendencia mundial que ha probado su éxito rotundo no únicamente en democracias consideradas como “ más desarrolladas”, sino en países de Latinoamérica.

Ni siquiera la intervención de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación alcanzó para facilitar en los hechos las candidaturas ciudadanas.

En esto último tuvo mucho que ver el actuar parcial del órgano electoral local que se decantó más hacia la defensa de los intereses electorales del actual grupo en el poder y dejó a un lado la prioridad de defender las necesidades políticas de los poblanos.

Pésimo antecedente.

Afortunadamente, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, con sus constantes correcciones a fallos del IEE poblano, enmendó en parte la situación.

Sin embargo, la consigna tuvo consecuencias demoledoras para la campaña de Ana Tere.

De entrada, tuvo que empezar dos semanas después que el resto de los competidores, tiempo valiosísimo en una campaña de duración de apenas dos meses.

Después, tuvo que pelear también por sus prerrogativas, aprobadas en principio por poco más de 300 mil pesos y duplicadas semanas después gracias, otra vez, a la intervención del TEPJF.

“Así ¿cómo?”, diría el clásico.

El tema es de fondo y no de forma.

Más allá de quién sea el independiente, en Puebla no existen las condiciones mínimas necesarias para pensar en el fortalecimiento electoral de este tipo de candidaturas.

Aquí, se ensaya un método de gobierno de control total, en donde se somete a poderes en teoría independientes, organizaciones sociales, organismos empresariales, sindicatos y medios de comunicación.

Imposible competir bajo estas condiciones.

El caso del famosísimo “Bronco”, referencia nacional por excelencia de las candidaturas sin partido, es completamente distinto.

Jaime Rodríguez ganó Nuevo León con apoyos importantes de un grupo de poderosos empresarios que financiaron su campaña.

Contó también con el soporte de dueños de influyentes medios de comunicación, que se encargaron de la promoción necesaria a sus actividades políticas (El Norte y Reforma).

El “Bronco” tuvo todas las facilidades legales para competir en igualdad de circunstancias en el proceso electoral neoleonés, jamás existió consigna alguna.

De ahí que el total de la sociedad regiomontana, tuvo acceso a las acciones de promoción de su imagen y por lo mismo a conocer su proyecto de gobierno.

Ana Tere jura que su candidatura será la base para el fortalecimiento del proyecto independiente que competirá por el gobierno del estado en el 2018.

No lo dudo.

Pero si este proyecto pretende plantarle cara a los candidatos y partidos tradicionales, se requieren cambios profundos que parece que tardarán todavía muchos años en concretarse.

Quedó claro que falta mucho.

okvale

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