Por Valentín Varillas
La actual dirigencia estatal del PAN en Puebla, cuya columna vertebral está conformada por los herederos políticos de Moreno Valle, recibieron con bombo y platillo a Margarita Zavala.
En distintos mensajes en varias redes sociales destacaron su enorme valía en lo político y en el colmo, llegaron a manejar que con su apoyo, ayudaría al blanquiazul a recuperar la ciudad de Puebla en el 2027 y el estado en el 30.
Obviamente tienen un concepto muy distinto de ella del que tenia su entonces jefe y mentor.
Rafael la detestaba.
Sobre todo, en la coyuntura del proceso interno de Acción Nacional para elegir a su candidato presidencial en el 2018, en donde compitieron por la nominación.
Ambos, se minimizaron y atacaron mutuamente.
Margarita lo etiquetó siempre como un arribista que, debido a una monumental fractura entre grupos al interior del PRI, había llegado al blanquiazul para apoderarse de él.
Y lo peor, ya como gobernador, jamás dejó de referirse a él como un tirano autoritario.
La respuesta del poblano se dio después de que Zavala renunciara al PAN por considerar que la elección del abanderado para aquella elección de 18 estaba viciada de origen.
Que había dado cargados.

Ahí fue cuando RMV se le fue encima.
La minimizó como producto potencialmente rentable en materia electoral.
Adelantó que, sin el cobijo del partido y como candidata independiente, protagonizaría un monumental ridículo.
No se equivocó.
Es más, para evitar esa vergüenza, Margarita renunció como aspirante a la presidencia cuando realmente dimensionó para lo que le alcanzaba.
Penoso.
Sin embargo, los pupilos del ex gobernador piensan diferente.
Ante la falta de figuras de peso que puedan realmente competirle al oficialismo en las próximas coyunturas, hoy no les queda otra más que aferrarse a lo que sea.
Clavos ardientes que no sólo queman, sino que en los hechos los ayudarán muy poco a salir de la complicadísima realidad que viven en materia electoral.
Margarita Zavala no es ni será la única.
Otros y otras “figuras” nacionales se sumarán a esta pasarela en donde, a través del tramposo manejo de la percepción, se intenta vender confianza, certezas, unidad y capacidad real para obtener masivamente votos en las urnas.
En los hechos, nada que ver con su auténtica realidad.


