Por Alejandro Mondragón
Casi una treintena de Ayuntamientos dejaron en manos de marinos las áreas de seguridad pública, al arranque del sexenio de Alejandro Armenta.
No ha sido la panacea, sin duda.
Tampoco resultó un fracaso, aunque en dos municipios se dieron ceses fulminantes: Tepeaca y Acatlán de Osorio.
En otros, las rotaciones y terminación de licencias otorgadas por la Secretaría de la Marina, han llevado a cambios: Chignahuapan, Teziutl
Hubo dos casos representativos de Ayuntamientos en los que no designaron marinos, peeeero en los hechos aceptaron la recomendación del secretario de Seguridad Estatal, Francisco Sánchez: Puebla y Atlixco, sobre todo el segundo, cuyo titular del ramo formó parte del crimen organizado.
¿No funcionó la estrategia de militarizar las áreas de seguridad en los municipios?

Si se analiza cada caso se desprenderá que existen desde marinos amorosos hasta agentes navales que no terminaron por conocer las regiones. Se perdían.
Aunque a diferencia de los gobiernos del PAN, la Cuarta Transformación ahora no esconde, oculta o protege a nadie.
Ahora se conoce quiénes y dónde se confabularon con los maloras. Antes, con el morenovallismo se tendía un manto protector, de complicidad pues, para evitar que los escándalos salpicaran a los cercanos al grupo en el poder.
Ahí está el caso de Facundo Rosas, quien dijo no estar enterado que sus jefes policiacos custodiaban a huachicoleros y hasta prestaban patrullas para trasladar toneles de gasolina robaba hasta que el Ejército los pilló.
Está claro que hoy se acabó la complicidad para evitar daños a la imagen política. Siempre será mejor saber la verdad que esconderla.
¿No?
