16-06-2026 09:35:01 PM

Alianza para subsistir: el amarre 2027

Por Valentín Varillas

El anuncio formal de que el Partido Verde y el Partido del Trabajo competirán en coalición con Morena en 16 de las 17 gubernaturas que estarán en juego para el próximo año expone con toda crudeza la realidad actual de nuestro sistema de partidos.

Esa que deja atrás la ideológica, privilegiando el más absoluto y frío pragmatismo.

Existe una necesidad política mutua muy clara, que lo último que toma en cuenta son las necesidades de los ciudadanos .

A pesar de los años que llevan aliados con el poder y de las prerrogativas millonarias que reciben, estos partidos siguen siendo incapaces de competir solos con posibilidades de ganar.

Carecen de estructuras territoriales propias que sean autosuficientes y de liderazgos con el arraigo necesario para ganar una gubernatura sin el cobijo de Morena: la marca principal y mejor posicionada entre el electorado potencial.

Su viabilidad política depende únicamente de mantenerse como sus rémoras, a cambio de hacer un frente común en contra de los verdaderos opositores en el ámbito del legislativo federal.

Por otro lado, la urgencia de Morena para amarrar esta coalición evidencia la debilidad interna del Ejecutivo Federal.

La administración de Claudia Sheinbaum pasa por una de las peores crisis que se recuerden para una primera mitad de sexenio.

Con un panorama económico adverso, problemas presupuestales y una violencia interna que no cede, el oficialismo está consciente de que, para el 2027 el bono democrático puede reducirse de manera drástica.

Y en este complicado contexto, la presidenta necesita garantizar el control territorial en los estados, pero sobre todo, asegurar la continuidad de la mayoría calificada en la Cámara de Diputados.

Perder el control absoluto de esta posición significaría el estancamiento definitivo de las reformas del Ejecutivo durante la segunda mitad del sexenio.

La alianza en las elecciones para estas 16 gubernaturas no parece ser una muestra de fortaleza por parte del oficialismo.

Luce más bien como un urgente y muy necesario mecanismo de control de daños.

Morena cede espacios locales y cuotas de poder a partidos que no aportan nada e términos de política real para no correr el riesgo de enfrentar un escenario en donde quizás ya no les alcance para ganarlo todo solos.

Por su parte, sus “aliados” aceptan jugar un papel de subordinación total a cambio de mantener el registro y las millonarias entradas de dinero público de las que gozan por concepto de prerrogativas.

La cada vez más forzada alianza no significa en los hechos una muestra de músculo político rumbo a la elección más importante de la historia para la presidenta Sheinbaum, parece más bien una muy apretada camisa de fuerza que tienen que vestir como estrategia única para no perder lo que actualmente tienen.

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