13-04-2026 11:46:30 AM

Mi voto, por un tinaco azul

Por Valentín Varillas

En la coyuntura del proceso electoral del 2016, el gobierno del estado repartió más de 57 mil tinacos pintados de azul panista, en los municipios con mayor número de habitantes inscritos en el padrón electoral.

En el caso de la capital, a través de “convenios paralelos” se entregaron 20 mil más.

Para esto, se destinaron 118 millones de pesos.

Y es que, faltaba más, los compraron a un precio mucho más alto que el promedio en el mercado.

El sobrecosto fue de casi 100%.

Mientras en cualquier lugar, un tinaco con idénticas características costaba $1,065.00 pesos, la administración de Rafael Moreno Valle pagó $2,065.

Haga números.

El negocio fue millonario, tanto para el proveedor, como para los funcionarios que cobraron los moches correspondientes.

Además, claro, del beneficio de lucrar electoralmente con estas acciones.

Los tinacos azules fueron financiados con recursos del FAIS (infraestructura social federal), para mejorar el acceso al agua en viviendas pobres.

Se almacenaban en bodegas ubicadas sobre todo en el municipio de San Andrés Cholula y desde ahí, se iniciaba la distribución masiva.

Para recibir los beneficios del programa, los ciudadanos tenían que presentar, además de su CURP, una copia de su credencial de elector, lo que lo convertía en un descarado mecanismo de control electoral y un símbolo visual muy claro de propaganda indirecta.

Todo se valía en ese tiempo, con tal de hacer ganar a Tony Gali.

Rafael vivía obsesionado con el maximato poblano, al que veía como una plataforma que lo impulsaría de manera natural a la presidencia de la República.

Y no escatimaba recursos, materiales, humanos y jurídicos, con tal de lograr su objetivo.

Los actuales liderazgos del PAN fueron en su momento beneficiarios directos de todas las acciones de operación electoral con recursos públicos que se dieron en la época.

Es más, hoy no serían nada en la política sin aquella enorme ventaja competitiva.

En su nuevo papel, le dan forma a una tramposa narrativa con la que intentan vestirse con el traje de víctimas.

No les queda.

Por más que intenten apostarle a la amnesia colectiva, siempre habrá decenas de miles de casas con un tinaco azul para refrescarles la memoria.

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