Por Yasmin Flores Hernández
Marzo se va.
Y como cada año, se fue rápido… casi tan rápido como llegaron los discursos, las publicaciones y los listones morados.
Durante unos días, todo parece detenerse.
Las redes se llenan de frases poderosas, las calles se pintan de consignas, las voces se elevan con fuerza.
Y entonces pareciera que, por un instante, entendimos todo.
Pero marzo termina… y con él, muchas veces, también se va esa indignación.
La feminidad se vuelve sin duda de temporada…
Nos vestimos de morado.
Marchamos.
Compartimos historias.
Nos abrazamos entre nosotras.
Pero hay una pregunta incómoda que no podemos seguir evitando:
¿La defensa de la mujer se volvió un acto de temporada?
Porque no basta con alzar la voz un día, si al siguiente guardamos silencio frente a la injusticia.
No basta con exigir respeto en público, si en lo privado seguimos normalizando la violencia, el juicio o la indiferencia.
La sororidad no es un discurso.
Es una práctica diaria.
Y ahí… es donde muchas veces fallamos.
A usted que me escucha y me lee dejeme le cuento hoy tenemos 15 voces, 15 verdades.
Pero hoy no quiero quedarme en lo que yo pienso.
Hoy quise escuchar a quienes están viviendo esto desde otra generación.
A mis alumnas.
15 jóvenes, 15 voces.
Porque si marzo significa algo…también debería sentirse en ellas.
Y después de escucharlas…ya no estamos hablando de percepciones.
Estamos hablando de realidades.
Y esas realidades nos obligan a mirar algo más profundo…lo que no se dice, lo que no se publica, lo que no se quiere ver.
Porque hay algo que no se publica.
Que no se grita.
Que no se marcha.
Pero que se vive todos los días.
La mujer que es juzgada por otra mujer.
La que no es escuchada.
La que es minimizada.
La que es ignorada.
La violencia que no deja marcas… pero sí cicatrices.
Esa que no aparece en redes, pero que define realidades.
Y frente a eso, ya no basta con señalar.
También hay que asumir responsabilidad.
A mis alumnas
A ustedes…
Que ya hablaron.
Que ya dijeron lo que sienten.
Que ya pusieron en palabras lo que muchas callan.
Les digo algo:
No se queden en marzo.
No se queden en la consigna.
No se queden en la foto.
Sean distintas, sean congruentes.
Defiendan a otra mujer cuando no esté presente, no normalicen lo que saben que está mal, no repitan lo que tanto critican.
Porque el cambio no está en lo que gritamos…sino en lo que sostenemos todos los días.
Pero, sobre todo…
No pierdan la sensibilidad.
No pierdan la empatía.
No pierdan esa forma tan genuina de mirar el mundo que hoy tienen.
Porque en una sociedad que muchas veces se endurece; ustedes tienen la oportunidad de ser distintas.
De construir algo mejor.
De ser más justas.
Más humanas.
Más conscientes.
Y si algún día dudan… si algún día sienten que no es suficiente, recuerden esto:
Cada una de ustedes tiene una voz que importa, una historia que vale, y una capacidad enorme de cambiar lo que parece inamovible.
Y si logran sostener eso… no solo en marzo, sino todos los días…entonces sí, entonces verdaderamente estarán haciendo la diferencia.

Y aunque muchas veces parezca que soy yo quien les enseña, la verdad es que son ustedes quienes, todos los días, me enseñan a mí a ser mejor.
A mi hija
Y a ti…
A ti quiero hablarte desde otro lugar.
No necesitas un mes para saber quién eres.
No necesitas un color para entender tu valor.
Eres suficiente… incluso cuando el mundo intente decirte lo contrario.
Pero también sé que estás creciendo en una realidad que todavía duele, en un mundo que a veces no es justo… y que muchas veces exige más de ti, sÓlo por ser mujer.
Por eso quiero que aprendas algo desde ahora:
Que tu voz importa.
Que tu dignidad no se negocia.
Que nunca tienes que hacerte pequeña para encajar.
Y que, aunque allá afuera haya ruido, juicios o silencios… nunca dudes de quién eres.
Porque el mundo que quiero para ti no es uno donde tengas que defenderte todo el tiempo…sino uno donde puedas vivir en paz.
Y mientras ese mundo llega, que nunca te falte fuerza para alzarte, ni amor para sostenerte, ni claridad para elegirte siempre a ti.
Porque ser mujer no debería doler, pero mientras eso cambia,que nunca se te olvide que dentro de ti ya existe todo lo que necesitas para salir adelante.
Y ojalá que cuando crezcas, aún más, no necesites marzo para sentirte libre, ni valiente,ni suficiente.
SÓlo debo decirte que estoy profundamente orgullosa de la mujer en la que te estás convirtiendo, de tu fuerza, de tu esencia y de todo lo que eres.
Te amo.
Marzo se va.
El vestido morado se guarda.
Las publicaciones desaparecen.
Las consignas se diluyen.
Pero la realidad… se queda.
Por eso hoy no te pregunto si marchaste.
No te pregunto si publicaste.
No te pregunto si te vestiste de morado.
Te pregunto algo más importante:
¿Quién eres el resto del año?
Porque la lucha no es un evento.
No es una fecha, no es una tendencia.
Es una forma de vivir.
Y esa no se presume en marzo, se sostiene todos los dias del año.

