Por Alejandro Mondragón
El abatimiento del principal capo del narcotráfico en el país, Nemesio Oseguera “El Mencho”, desencadenó una ola de violencia nunca antes vista en el país.
Entonces, ¿qué sigue?
Sin duda que proceder al desmantelamiento de la llamada narcopolítica.
Sí, aquellos gobernantes en todos los niveles que en el menor de los casos voltearon al otro lado para dejarlos pasar, pero en el peor: se volvieron cómplices.
¿Qué explicación tienen para sus votantes y no electores, cada uno de los mandatarios de los estados involucrados en bloqueos de carreteras, quema de vehículos y negocios?
Algunos pueden afirmar que “van llegando”, pero lo cierto es que se abrió la puerta al narco y demás negocios ilícitos, en los estados y municipios con toda impunidad.

Que 20 estados estén involucrados en la violencia de los seguidores del Cártel Jalisco Nueva Generación expone la expansión de este grupo en la estructura social, económica y política en más de una tercera parte del país.
Gobernadoras y mandatarios han sido exhibidos a los ojos de todos sobre la presencia del CJNG:
Aguascalientes, Baja California, Chiapas, Colima, Estado de México, Guanajuato, Guerrero, Hidalgo, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, PUEBLA, Quintana Roo, Sinaloa, Tabasco, Tamaulipas, Veracruz y Zacatecas.
Sin duda han gozado de protección política, complicidad policiaca, de góbers, diputados federales, locales, senadores, ediles y alcaldesas, así como jueces y magistrados.
Si se apunta a los políticos que han dejado que el CJNG y otros cárteles más, se apoderen de todo hasta del miedo social, entonces este país volverá a tener viabilidad.
La Cuarta Transformación tiene ya la experiencia en Sinaloa con un gobernante, Rubén Rocha, jugando en todos los bandos, mientras su estado se incendia.


