Por Jesús Manuel Hernández
A propósito de la Semana Laboral de 40 horas, vale la pena citar alguna anécdota vivida por estudiantes de colegios privados en algunos almacenes del Centro Histórico de Puebla, quienes relataron a sus profesores las experiencias sufridas en una práctica de varias semanas.
Por alguna razón los comerciantes de Puebla tienen algunos convenios con instituciones educativas para que los alumnos conozcan personalmente la forma como operan los negocios.
El primer día, las y los alumnos fueron recibidos por el director, gerente, socio, dueño, del comercio. Y luego de un discurso de bienvenida con énfasis en la responsabilidad social del empresario y algunas citas de connotados políticos identificados con el PAN, el empresario dijo “Aquí hacemos algunas cosas que están un poco fuera de la ley, pero así hemos funcionado por décadas, desde mis padres y mis tíos, ya se darán cuenta”.
Las y los estudiantes fueron inducidos a conocer las características de los almacenes. Acto seguido les presentaron a sus compañeras, la mayoría mujeres, pocos hombres, personas prácticamente cercanas a la tercera edad.
Un asunto fue notable, las empleadas no pueden sentarse para tomar un descanso, deben estar paradas a la entrada, en los pasillos, en los probadores, etcétera, nunca pueden sentarse durante el horario laboral que inicia a las 9 de la mañana y termina a las 8 de la noche. Tienen máximo 20 minutos para comer.
Los estudiantes hablaron con las empleadas para investigar el porqué de esas condiciones laborales, las respuestas fueron similares en todos los casos: “así ha funcionado siempre”.
Por supuesto no hay sindicatos, acaso algún supervisor que es parte de los empleados de confianza.
En algunos casos las empleadas tienen Seguro Social, en la mayoría no.
Los estudiantes hicieron un reporte sobre sus prácticas, experiencias y tuvieron que ocultar algunas incidencias para no bajar sus calificaciones.
Al final del “servicio”, el empresario, gerente, director. les pidió a las empleadas dar un obsequio a manera de reconocimiento a los estudiantes.
Curiosamente el dinero con el que se compró el regalo, salió de los bolsillos de los empleados, no de la empresa.
Bien harían las Secretarías del Trabajo en Puebla, Federal y Estatal, en mandar algunas inspecciones laborales para levantar actas sobre cómo funcionan las relaciones obrero-patronales, en algunos almacenes tradicionales de Puebla, empezando por hacer que se cumpla la famosa “Ley Silla”.
O por lo menos, así me lo parece.

