Por Alejandro Mondragón
El voltear la cara para no ver o mirar para que le toque parte del pastel del huachicol, es lo que todo político mal habido ha hecho en el Triángulo Rojo.
Para muestra es que la gasolina robada, desde hace años, se combate como nunca, pero siempre crece, y reproduce con absoluta impunidad.
Sí, algunos alcaldes de la región del Triángulo Rojo y otras más terminaron en la cárcel o perseguidos.
Sin embargo, influyentes huachicoleros tienen a su familia como autoridad máxima, ahí está el caso de Quecholac, otros operadores de la venta de gasolina robada hacen de las suyas desde regidurías.
Lo cierto es que políticamente se comportan como bandas, donde pretenden imponerse unos a otros para arrebatarles el control de lo que todavía queda de un jugoso negocio.
En la actualidad, se enfrentan en la región dos grupos que de dientes para afuera se lanzan contra el huachicol, pero al interior son parte del problema.

Así como se señaló al morenovallismo y sus viudas como responsables de que creciera sin control el negocio del huachicol, expriistas, hoy incrustados en Morena más que combatir, se madrean para quedarse con el negocio.
Ahí están las peleas de Los Mier contra Los Barbosistas.
Ignacio Mier, hoy coordinador de los senadores de Morena; y su hijo que fue alcalde de Tecamachalco supieron hacer de la región una jugosa fuente de ingresos.
Sin embargo, los descuidos en otros frentes llevaron al barbosismo a la detención de su jefe policiaco en Tecamachalco: Alejandro Santizo.
Sí, desde Gobernación Julio Huerta y el impresentable de Andrés Villegas fueron replegando al nachismo, derrotado en la elección interna de Morena en 2024, para incluso quedarse con la alcaldía de Tecamachalco, con una nómina familiar y el reparto de dinero a medios para defender la causa.
El pleito ahora es por la diputación federal con cabecera en Ciudad Serdán, donde el Nacho hijo quiere la reelección; y el Villegas saltar a esa misma posición, desde la legislatura local.


