Por Valentín Varillas
Mientras los liderazgos más importantes de la oposición cerraban filas en torno a la marcha de la Generación Z, la extrema derecha nacional se acuartelaba para definir el rumbo de las acciones que tomarán para enfrentar las próximas coyunturas electorales.
Traen agendas distintas, es más, tomarán caminos mutualmente excluyentes.
La estrategia de Verástegui y compañía, por lo menos a estas alturas, parece que no se centrará en la estridencia mediática y la atracción de reflectores.
El mismo 15 de noviembre se llevó a cabo la primera Cumbre Viva México 2025.
Ahí, se dieron cita todo tipo de líderes conservadores de México y del extranjero. Analistas, filósofos, creadores culturales, líderes religiosos e influencers, que se asumen abiertamente como miembros de la “derecha real”.
De la que ellos consideran como la única, la auténtica.
La que no se ha dejado vulnerar o infiltrar por modas pasajeras o efímeros estilos de vida.
En su discurso, Eduardo Verástegui dejo bien claro lo que será la narrativa que utilizarán una vez que su organización tenga ya el registro formal para fungir como partido político nacional.

Un tema que, juran los enterados, es considerado al interior del órgano electoral nacional como de mero trámite.
Este personaje pretende “reforzar el compromiso cívico y promover la participación pública desde una visión anclada en valores éticos”, claro, desde su muy particular y personalísima definición de la ética.
Reconoció que Viva México es un movimiento espiritual antes que nada, pero también cultural, moral y patriótico.
Sí, todo eso y que además “busca conservar principios que considera irrenunciables”.
No tuvo empacho en referirse abiertamente a símbolos religiosos de profundo arraigo entre los mexicanos, como a la Virgen de Guadalupe, intentado ya desde ahora generar una asociación mental natural entre su figura y el movimiento que encabeza.
Y hoy existe en nuestro país un enorme mercado para una oferta política con estas características.
Los sectores más radicales que se sintieron traicionados por la tibia estrategia electoral que ensayó el bloque opositor en la elección del 2024 y sobre todo, por no haber seleccionado un perfil de “los suyos” para pelearle con éxito a Morena la presidencia de la República.
De esta forma, al interior del salón principal del JW Marriott de Santa Fe, resonó con todo aquello de “Dios, Patria y Familia”, al mismo tiempo que en el Zócalo tronaban las bombas de gas lacrimógeno, las Molotov y los cohetones.

