Por Valentín Varillas
Medios norteamericanos y analistas de ese país, con millones de seguidores en sus cuentas de redes sociales, siguieron puntualmente la marcha del pasado sábado en la CDMX.
Privilegiaron, faltaba más, las imágenes de violencia que se generaron durante la protestas.
Los golpes, los heridos, los gases lacrimógenos, los intentos por penetrar el cerco de seguridad que rodeaba Palacio Nacional.
Dejaron a un lado a quienes de verdad, de manera civilizada y pacífica, salieron a las calles para reivindicar su legítimo derecho a vivir en un país seguro.
A exigir que se limpien de criminales nuestras instituciones públicas.
Estos, los más, estuvieron ausentes de las notas, crónicas y reportajes que por diferentes canales repercutieron en la opinión pública y publicada de nuestros vecinos del norte.
No es casual.

En lo ocurrido el fin de semana hay materia prima de sobra para robustecer una narrativa muy conveniente para el grupo gobernante norteamericano y sus sectores aliados.
Vender que aquí se vive un descontento unánime con este segundo piso de la 4T y que las acciones de salvajismo -que muestran apenas una visión parcial de lo que realmente ocurrió- intentan un derrocamiento de la presidenta, les resulta muy conveniente.
Tienen ya elementos para exigir que las acciones militares que Trump ha anunciado para Venezuela, Colombia y Cuba, alcancen también a México.
Y que se echen a andar de inmediato.
Igualmente, hay tela suficiente para sacar raja en el tema económico.
Presionar para que el espectro de productos sujeto al cobro de aranceles se amplíe o inclusive que los que ya se apliquen sean mayores, porque aquí no se ha hecho lo suficiente en materia de combate al crimen organizado.
Se trata de una coyuntura ideal en el marco de la renegociación del TMEC que se va a llevar a cabo el próximo año y en donde los gringos llevan la sartén por el mango.
Ahora bien, en términos reales, la manera en la cual se dio la marcha de la Generación Z no tendría porque alterar los temas prioritarios de la agenda binacional.
Sin embargo, en materia de percepción, ésta será utilizada por muchos años como materia prima para la manipulación política y el chantaje económico.
Llevamos todas las de perder.


