17-04-2024 09:06:43 PM

Sheinbaum y la nueva clase política poblana

Por Valentín Varillas

 

Arropada por la élite del poder en Puebla, Claudia Sheinbaum testificó el arranque de la campaña de Alejandro Armenta.

Seguramente jamás imaginó, como ninguno de nosotros, quiénes conformarían el ejército con el que se pretende cimentar la continuidad de la llamada 4T en el estado.

Sí, la clase política en la aldea sufrió una transformación radical.

El cambio se dio a partir de la llegada de Sergio Salomón Céspedes Peregrina a la gubernatura.

Lo que ya se conoce coloquialmente como la “etapa de la reconciliación”.

Al gobierno estatal, en posiciones operativas estratégicas, se integraron personajes de toda la confianza del mandatario, pero también de probada efectividad en función de las metas trazadas en su proyecto de gobierno.

Dos años y una serie de objetivos perfectamente claros, medibles.

Y con semejante reto encima, impensable aplicar el tamiz del derecho de casta o la mal entendida congruencia ideológica.

La lógica es muy sencilla y tal vez por eso le resulte a algunos terriblemente complicada: la obligación de dar resultados por encima de la vetusta e inservible retórica.

Paralelamente, en lo estrictamente electoral, Alejandro Armenta llevó a cabo una estrategia parecida.

Tiró puentes con operadores electorales de peso específico comprobado en la vida política de varias zonas del estado.

Sin importar su militancia, presente o pasado, fue poco a poco integrándolos a su equipo.

Se metió de lleno a recorrer el estado.

Los visitó personalmente y conoció de primera mano sus necesidades.

El trabajo de tierra sentó las bases para que, al momento de aplicar la famosa encuesta, los números indicaran que él y sólo él maximizaba el potencial de votos a favor de Morena y sus aliados.

La brecha estaba abierta.

Con semejante antecedente, resultaba apenas lógico que se aplicaran criterios iguales en la selección del resto de los abanderados.

Y llegaron los que hoy tienen más posibilidades de ganar.

Faltaba más.

Al margen de etiquetas, colores viejos o recientes, la depuración de la oferta electoral de Morena y sus aliados es congruente con los objetivos de López Obrador de cara al proceso del 2 de junio próximo.

Mañanera tras mañanera, el presidente ha mandado mensajes obsesivos en el sentido de que van por todo lo que se juega en las urnas.

Que no aceptará medias tintas y que, sea como sea, lo único que le importa es ganar.

La presidencia, por supuesto, los gobiernos estatales que están en manos del oficialismo, pero también las mayorías absolutas en ambas cámaras del Congreso de la Unión.

Este Plan C electoral que, desde el primer hasta el último día de campaña, será un tema recurrente en la narrativa de los candidatos.

Estos criterios de buscar la mayor eficiencia en el ejercicio de gobierno y de optimizar la rentabilidad electoral de los candidatos de la Cuarta Transformación, han sido la génesis de una nueva e inclasificable clase política poblana.

Como todos, traen proyecto para varios sexenios.

Vamos a ver muy pronto para qué les alcanza.

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