18-10-2021 07:08:06 PM

Activismo exitoso, gobiernos fallidos

Por Valentín Varillas

 

Una realidad que podría servir para explicar el fracaso de candidatos a presidencias municipales en la zona conurbada, emanados del Movimiento de Regeneración Nacional, que pretendieron reelegirse en el reciente proceso electoral, fue su permanente resistencia a transitar del activismo al gobierno.

La añoranza a la lucha social.

A ese a la que se dedicaron en cuerpo y alma y que fue –según sus propios dichos y declaraciones- la razón misma por la que optaron por el servicio público.

Esta epifanía vocacional hoy ya no es necesaria, es más, resulta incómoda.

La lucha terminó y sus esfuerzos tuvieron que haberse centrado en la consolidación de gobiernos efectivos; gobiernos de resultados.

En la forma y en el fondo.

En los usos y costumbres, modos, discursos y acciones.

En el activismo todo se vale, todo se critica, porque los toros se ven desde la barrera.

En ese terreno, la rijosidad ayuda, vende, te consigue hordas de seguidores y una congruencia y legitimidad que permanece inmaculada mientras la lucha siga.

Sin embargo, esta se va perdiendo con el desgaste natural de gobernar y fue ahí  precisamente en donde comenzó la crónica de un desastre anunciado.

Señalar con dedo flamígero yerros y omisiones del pasado, no es lo mismo que resolver los problemas de un municipio en tiempo presente.

Por lo mismo, tampoco encajaron en aquella “molesta” pero necesaria obligación de gobernar para todos.

Hayan sido “camaradas” o no.

“Compañeros” o perfiles ajenos al “movimiento”.

Esto que necesariamente implica tomar decisiones más allá de filias y fobias personales o de grupo y también, evaluar con cabeza fría lo que puede ser lo mejor para sus gobernados.

Concuerden o no con sus posturas ideológicas.

Fue evidente que, quienes se sintieron excluidos de la toma de decisiones oficiales, en estos casos, la mayoría de los ciudadanos que acudieron a las urnas, no les refrendaron la confianza dada tres años atrás.

La diferencia en puntos es abismal.

Y ante esta demoledora realidad, no existen argumentos discursivos, ideológicos, motivacionales y demás que valgan.

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