28-10-2021 08:57:49 AM

El día que Marín selló su destinó

Por Valentín Varillas

 

El pacto de impunidad signado entre Mario Marín y Rafael Moreno Valle, caminó muy bien, sin problema alguno, hasta la coyuntura electoral de la extraordinaria para elegir gobernador de Puebla en el 2019.

Pero tenía una cláusula importante, prioritaria, fundamental, que no iba a estar jamás sujeta, ni siquiera a ser revisada: que el priista se alejara completa y absolutamente, de cualquier tipo de reflectores en la vida pública y la política poblana.

Todo se rompió, cuando alguna “mente brillante” le sugirió al hoy detenido, operar su “gran regreso” a la vida pública local, aprovechando la toma de protesta de Alberto Jiménez Merino, uno de su incondicionales, como candidato por el PRI.

En el script, habría loas a su persona, se le etiquetaría como un “gran activo del partido” y ante los evidentes cuestionamientos sobre el tema Lydia Cacho, se declararía alegremente que se trataba de un asunto legal en donde ya había sido exonerado.

“Cosa juzgada”-según ellos.

Muerto ya Rafael, en su muy limitada óptica, no había ya razones para mantener aquellos viejos acuerdos, ni probables consecuencias si estos no se respetaban más.

Perdieron de vista el hecho de que el morenovallismo podía haber estado hecho pedazos en lo electoral, pero mantenía intactos su poder económico y sus relaciones de primer nivel, tanto en la política nacional, como en los diferentes estados del país.

Sobre todo en Quintana Roo, en donde gracias a la operación electoral y de recursos de Moreno Valle y su grupo, el hoy gobernador Carlos Joaquín González arrasó en la elección del 2016, obteniendo más del 45 por ciento del total de los votos.

Error garrafal.

Es evidente que, en los estados de la República, a pesar de la teoría de los supuestos contrapesos, ha  existido históricamente una cercanía muy importante y probada entre la mayoría de los gobernadores en turno y los jueces y magistrados del poder judicial federal.

Mario Marín lo sabe de sobra, lo vivió y ejerció hasta la saciedad.

Moreno Valle ni se diga.

 Las consecuencia -nuevamente- de fallos monumentales de percepción y toma de decisiones erradas en lo político, fueron demoledoras para el marinismo.

Tal vez quienes le recomendaron al ex gobernador volver a asomar la cabeza, son los mismos que le aconsejaron decir que no era su voz en las grabaciones, que alguien las había editado para dañarlo y que inclusive, había sido “imitado” como lo hacían en programas como La Parodia.

El supuesto regreso de Marín a la política poblana, fue en realidad un penoso y largo exilio, en donde vivió por meses en calidad de prófugo de la justicia, hasta su detención el miércoles pasado.

En el colmo del absurdo, la campaña de Jiménez Merino transitó aquella elección sin pena ni gloria, tal y como se esperaba, condenado a un grisáceo tercer lugar.

Nada por lo que valiera la pena poner en riesgo los acuerdos.  

Nadie, absolutamente nadie, esperaba un desenlace distinto.

Los yerros estratégicos fueron, han sido y seguramente serán, monumentales.

No cabe duda que, a pesar de todo y después de tantos años, no aprendieron nada.

Vaya lección.

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