17-01-2021 12:00:16 PM

Aferrarse a las mañaneras

Por Valentín Varillas

Las conferencias diarias del presidente, son sin duda una herramienta innovadora, fundamental, que ha llegado a tener tal importancia que opera como la columna vertebral del discurso oficial.

No confundir jamás con ejemplos de transparencia gubernamental, porque en los  hechos no lo son.

Vamos, ni siquiera lo pretenden ser.

Tampoco se trata de un ejercicio dedicado exclusivamente a la promoción de las acciones del gobierno federal.

Este pretexto de dar a conocer al “pueblo” los logros de la famosa 4T, es utilizado simplemente como disfraz de un acto puramente propagandístico.

Así como las redes sociales inauguraron la era de la “postverdad”, las mañaneras le dieron forma a un nuevo modelo de censura y presión a quienes son considerados como enemigos del actual régimen.

Este, vino a sustituir al tradicional, al que operaba antes.

Aquel en donde directores de comunicación o jefes de prensa presionaban a dueños de medios o directores, para no publicar contenidos incómodos o bien que no le favorecían a la élite en el poder.

Hoy, desde el púlpito presidencial, se les recuerda una y otra vez que su libertad de expresión está y estará garantizada en esta administración.

Al mismo tiempo también, llega una demoledora descalificación al contenido incómodo y de una cascada de críticas y descalificaciones para su autor y el medio que lo publica.

Y es entonces cuando se sueltan los demonios.

La presión viene de “la sociedad” y la ejercen hordas de supuestos fanáticos que no tienen el menor empacho en crucificar a quien piensa diferente o se atreve a disentir.

Estas reacciones pueden ser consecuencia de la operación de las famosas granjas de bots, que se financian con dinero del erario desde distintas oficinas públicas.

Pero lo más grave, es que también vienen de ciudadanos auténticos, que han sido contagiados por la división, fractura y polarización que han caracterizado al actual discurso oficial.

Existen millones de inadaptados en este país, que en verdad creen que criticar las acciones o políticas públicas llevadas a cabo por un individuo, por muy presidente que sea, es sinónimo de atentar contra la patria.

Así de frágil y de peligrosa resulta esta nueva realidad.

Sobre todo, cuando no hay consistencia ni veracidad en el discurso oficial.

En las famosas mañaneras, AMLO ha dicho cerca de 25 mil mentiras, según SPIN, empresa de un grupo de especialistas en el tema de la comunicación política, que han dado puntual seguimiento a los contenidos de las ruedas de prensa diarias del presidente.

La supuesta modernidad, ha traído consigo aumentos alarmantes en el número de manifestaciones pública de intolerancia.

Los famosos linchamientos digitales no dejan lugar a dudas.

Por todo esto, dolió y mucho en Palacio Nacional, el anuncio del INE de limitar la transmisión de las mañaneras, mientras duren las campañas.

Han sido el arma más efectiva de la 4T, fundamental en un escenario de contienda electoral.

Y no es personal, como lo quiere vender el presidente.

Gobernadores y alcaldes, en cualquier parte del país y emanados de cualquier partido político, están obligados a suspender la promoción de sus acciones, previo al desarrollo de una elección.

Algo tan simple, tan básico y elemental, si se manipula y distorsiona, se convierte en un buen pretexto para recurrir, otra vez, al consabido victimismo.

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