22-10-2020 04:16:57 AM

El fracaso de Aréchiga

Por Valentín Varillas

Los transportistas no cumplen.

Se rehúsan a honrar los compromisos hechos con el gobierno estatal a cambio del aumento a la tarifa.

Se trata de un tema de fallida operación, no de falta de voluntad.

El gobierno estatal había priorizado, antes que cualquier otra cosa, los intereses de los usuarios, no los de los concesionarios.

Bajo esa premisa se le dieron indicaciones a Guillermo Aréchiga, titular de la Secretaría del Transporte.

Sin embargo, sus intereses particulares y la falta de pericia al momento de operar el tema, lo hicieron fracasar.

Algo muy raro se dejaba ver desde el principio.

Cuando de manera sospechosa, Aréchiga no quiso comprometer a los concesionarios  a otorgar un descuento a los estudiantes.

Sobre todo al momento de autorizar más de un 40% de aumento en la tarifa.

En coyunturas anteriores, los estudiantes poblanos eran uno de los primeros beneficiados con tarifas preferenciales, en apoyo a su economía personal y la de sus familias.

La omisión del secretario llevaba ya, desde entonces, el tufo del acuerdo en lo oscurito y de la traición al gobernador Barbosa.

Más allá de “sumar”, en beneficio del gobierno para el que trabaja, el secretario siempre jugó sus cartas a favor  de los dueños de las rutas comercialmente más rentables.

“Sus cuates”-como lo reconoce en corto.

El tema de la omisión del descuento a estudiantes le generó al gobierno estatal un desgaste innecesario.

En lo político y en lo mediático.

Movilizaciones estudiantiles en varios municipios de estado –las más severas en Tehuacán- y manifestaciones generalizadas en rechazo a la medida, por parte de organizaciones e instituciones educativas, obligaron a que se diera marcha atrás.

Los transportistas, de inmediato, mandaron el mensaje de que no estaban de acuerdo, de que sus ingresos iban a ser afectados de manera importante y de que tomarían las medidas que consideraran pertinentes.

Entre ellas, por supuesto, el paro.

Pero al final, acabaron confiando en “el amigo”.

Hoy, vemos con toda crudeza las consecuencia de esta “amistad”.

Los concesionarios jamás se sintieron obligados a cumplir con los compromisos, porque saben que tienen en la secretaría alguien que les cuida las espaldas.

Por eso, hoy la mayoría de las unidades luce igual que siempre, sin cambios importantes.

Viejas, descuidadas, inoperantes y sobre todo: muy inseguras.

Una realidad muy lejana a la prometida en su momento y que justificaría el aumento a la tarifa.

Las recientes declaraciones del gobernador no dejan lugar a dudas: sigue siendo un tema prioritario el dignificar el transporte público poblano.

Para dar resultados, urge que se hagan los cambios radicales necesarios.

Si se hace una evaluación fría, realista y concreta de cómo opera actualmente no queda más que preguntarnos: ¿a qué hora se va Aréchiga?

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