22-10-2020 04:41:57 AM

La trampa de los fideicomisos poblanos

Por Valentín Varillas

El rey de los fideicomisos signados en tiempos de Rafael Moreno Valle es el F/044.

Fue firmado, con características de “irrevocable”, el 29 de noviembre de 2012 entre el Gobierno del Estado de Puebla -como Fideicomitente y Evercore Casa de Bolsa, S.A de C.V como Fiduciario.

Se trata de la fuente directa de pago del proyecto de la Plataforma Audi y la alterna de pago para los dos Proyectos de Prestación de Servicios (PPS) más importantes de aquel sexenio: la construcción del Centro Integral de Servicios (CIS) y el Museo Barroco.

En este compromiso, el gobierno estatal se obligó a afectar los ingresos presentes y futuros derivados de la recaudación del Impuesto Sobre Erogaciones por Remuneraciones al Trabajo Personal (ISERTP), comúnmente conocido como Impuesto sobre Nómina.

Tiene una vigencia hasta el año 2062, es decir, la “afectación” a los recursos que se obtengan por concepto de este impuesto seguirían aplicándose en las próximas 7 administraciones estatales.

A diferencia de otros esquemas similares, utilizados por distintos niveles de gobierno para financiar sus planes y proyectos prioritarios, este fideicomiso carece de Comité Técnico.

Esto permitió que cosas muy extrañas sucedieran durante plazos muy específicos de su operación.

 

Por ejemplo, el hecho de que el Fiduciario pudiera solicitar el pago de gastos adicionales a los que incurriera, sin ningún tipo de limitante, como honorarios de asesores legales, fiscales, auditores, publicaciones o viáticos.

Así se explica, por ejemplo, que los honorarios del Fiduciario pasaran, de 260 mil pesos anuales a 310 mil, en apenas 5 meses de operación.

Sin embargo, lo anterior es apenas una minucia, si se compara con otras irregularidades.

De acuerdo a documentos en poder de quien esto escribe, en el mes de noviembre de 2015, se registraron pagos atípicos por concepto de “comisiones” por un monto de $34.09 millones de pesos y exactamente un año después -en noviembre de 2016-  se pagaron $2.03 millones más por concepto de “honorarios”.

Se desconoce el origen y la justificación de estas cantidades ya que no existe un mecanismo para revisar o en su caso amortizar este tipo de pagos.

Según las reglas de operación del fideicomiso, los remanentes generados tenían que ser devueltos cada mes a la Tesorería del Estado, a través de la Cuenta Concentradora especificada, una vez que se pagara la totalidad de las obligaciones con cargo a los ingresos comprometidos en el instrumento.

Sin embargo, en el 2016, el Fiduciario, es decir Evercore Casa de Bolsa, no realizó las transferencias por concepto de remanentes durante el mes de febrero ni en el período comprendido entre septiembre y diciembre de ese mismo año.

Esta situación se prolongó hasta el mes de enero de 2017.

¿Dónde quedó ese dinero?

¿Por qué no se pagó?

Es evidente que, por así convenir a quienes en su momento lo idearon, no está blindado el mecanismo de pagos de los gastos del Fideicomiso, situación que afecta al erario estatal.

Tampoco existe un mecanismo para revisar y en su caso autorizar, los incrementos a los pagos mensuales de los Certificados de Aceptación Definitiva, que emite la Secretaría de Infraestructura en el momento en el que se autorizan las estimaciones de las obras ejecutadas, de acuerdo a las especificaciones técnicas y el programa de ejecución del proyecto.

Es decir, pudieron cobrar lo que quisieron y no necesariamente el precio de mercado en la realización de obras similares.

Resulta más que evidente: en los fideicomisos poblanos están parte de las claves para encontrar el hilo que desate la complicada madeja de la ruta del dinero.

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