07-12-2019 08:47:29 PM

Inseguridad, adelgaza blindaje

Por Valentín Varillas

 

Según la encuesta mensual nacional, realizada por México Elige, el 37% de los mexicanos consideramos que la seguridad es el principal problema que enfrenta este país.

En esta medición, el tema supera por mucho a otros asuntos pendientes en la agenda, como la corrupción (19.4%) o la economía (10.7%).

De acuerdo con esta encuesta, el 53% por ciento de la población considera que, a 10 meses de gobierno, la estrategia que se ha implementado en materia de seguridad pública “no está funcionando”.

Apenas un 18.2% de los encuestados, opina que sí está dando resultados.

En este contexto, no extraña que la popularidad de Andrés Manuel López Obrador muestre una importante caída de cerca de 12 puntos porcentuales en tan solo 30 días.

El mes pasado se ubicaba en 63.5%, y ahora aparece en 52.2%.

Aunque permanece en niveles que ya hubieran querido otros mandatarios federales, se trata de la caída más pronunciada desde que llegó a la presidencia de la República.

Tal parece que el tema del operativo fallido de captura de Ovidio Guzmán y la masacre de miembros de la familia LeBarón a manos del crimen organizado, sí terminaron por hacer mella en la imagen de AMLO.

Tiene lógica.

Buena parte del electorado que al final votó por un cambio de régimen en el país, confió ciegamente en que se tenía un proyecto distinto, pero a la vez efectivo de combate a la delincuencia.

No ha sido así.

No hasta el momento.

Las versiones oficiales de estos hechos no han servido realmente para convencer a la mayoría de que el camino que se está siguiendo en la materia, es el que nos llevará a la tan anhelada paz social, perdida desde hace décadas.

Al ser temas importantes, fundamentales en el día a día del país, han ocupado la abrumadora mayoría del tiempo destinado a las famosas mañaneras, realidad que no juega del lado de los intereses oficiales.

Y es que, la rueda de prensa diaria que ensaya el jefe del ejecutivo federal, normalmente se sazona de cuestiones que le permiten al presidente lucirse en términos de imagen pública.

Le sirven también, los cuestionamientos a modo de quienes, invariablemente, son beneficiados con el uso de la palabra y con un lugar de privilegio en esas conferencias matutinas.

Las omisiones y fallas en la estrategia de seguridad, le cierran abruptamente esta posibilidad.

Son temas de perder-perder en términos de confianza y aprobación gubernamental, en donde el único camino que tienen los estrategas del régimen es intentar echar a andar una maniobra que pretenda minimizar los daños.

Algo vendrá seguramente.

La filosofía de la caja china es una muy efectiva herramienta de distracción pública, cuando los números muestran una tendencia desfavorable.

Todos la ensayan desde tiempos inmemorables.

Y es que, aunque jamás se reconozca públicamente, la medición del presidente es uno de los temas prioritarios, que por órdenes de hasta arriba se debe de atender de inmediato.

El mantenimiento del enorme capital político obtenido a partir de la elección del año pasado, así lo amerita.

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