18-11-2019 08:17:59 PM

La rebelión fallida del “notario carnal”

Por Valentín Varillas

 

A pesar de su parentesco familiar y de las graciosas concesiones que recibió de su primo, el gobernador Rafael Moreno Valle, Sergio Moreno Valle intentó encabezar un movimiento de notarios en contra de aquella administración estatal.

Corría el 2016 y en el ambiente del notariado poblano había caído, como auténtico balde de agua fría, la iniciativa del gobernador de volver gratuito, en un año electoral, el trámite de escrituración para inmuebles con ciertas características.

El enojo de los fedatarios públicos se explicaba porque afectaba a uno de los mercados más rentables para ellos: el de la vivienda de interés social.

La generosa concesión, otorgada por el entonces mandatario poblano, establecía la obligación para los notarios de escriturar, sin costo, inmuebles que no excedieran un valor comercial de 550 mil pesos, siempre y cuando se tratara de la primera propiedad del beneficiado.

El grueso de los ingresos de la mayoría de las notarías poblanas vienen precisamente de trámites con estas características.

De esta manera, al interior del gremio se gestó un movimiento que tuvo como primera acción concreta contra la medida, buscar un acercamiento con operadores y personajes cercanos a Rafael Moreno Valle para hacer patente su inconformidad.

El autor intelectual y material de la rebelión fue el titular de la Notaría 24, ubicada en la 7 Oriente, en el número 2007 de la Colonia Azcárate.

¿Su nombre?

Sergio Moreno Valle Gérman, primo del gobernador y -gracias a eso- diputado local.

Este folklórico personaje se reunió con los interlocutores de mayor peso del morenovallismo para exigir que la medida anunciada -fundamental en el presupuesto electoral del régimen- se echara para atrás.

El tono era de absoluta rabia, indignación.

Sergio se asumió como la voz del notariado poblano y dio a entender que existía el riesgo de que decidieran no proceder de acuerdo a la iniciativa.

El notario fue escuchado con paciencia.

Al terminar su perorata, de manera inmediata, recibió la respuesta del régimen.

De no acatar dócilmente la medida y sumarse entusiastas a ella, habría consecuencias:

El retiro de la concesión -propiedad del gobierno estatal- al total de los notarios rebeldes.

En este contexto y de acuerdo a lo establecido en el artículo 4, las labores de los notarios las realizarían jueces de lo civil de los distintos distritos judiciales y de no ser suficientes, se les darían facultades a servidores públicos estatales para ejecutar estas funciones, en oficinas del gobierno estatal, a lo largo y ancho del territorio poblano.

La segunda consecuencia sería que el gobierno estatal sacaría a concurso mil nuevas concesiones en condiciones preferenciales, para que los nuevos notarios se encargaran de los trámites gratuitos y de paso, abarataran el mercado, de tal manera que se acabaría uno de los negocios más rentables de las últimas décadas.

Ante semejante contundencia, Sergito palideció.

No pudo articular palabra alguna, únicamente alcanzó a tartamudear un esbozo de respuesta.

Como colofón, aquel poderoso mensajero le sugirió que el gobernador, su primo, esperaba que con esta reunión, estuviera por fin convencido de lo pertinente de la medida.

Que era necesario que este nuevo entusiasmo lo transmitiera de la mejor manera a sus compañeros de profesión y que, en su faceta como legislador, debía de votar a favor de la reforma.

Además, se le recomendaba convertirse en uno de los principales promotores del cabildeo con otras fuerzas políticas para lograr el voto unánime a favor de la iniciativa de ley.

Y así lo hizo.

No le quedó de otra.

De esta manera, Sergio Moreno Valle transitó, en menos de 24 horas, de rebelde opositor al gobierno, a cómodo palero, incondicional.

Sin embargo, haber arrastrado la dignidad, evitando así caer de la gracia del tirano, le resultó una medida de altísima rentabilidad.

Faltaba más.

 

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