El Godínez de la campaña

Por Alejandro Mondragón

 

 

Abandonado por la dirigencia nacional del PRI, estigmatizado por el marinismo en fuga y plagado de traiciones internas, el candidato Alberto Jiménez Merino perfila al tricolor a obtener la peor votación de su historia.

 

No hace falta más que señalar que el Revolución Institucional abdicó desde el 1 de febrero del 2011 a ser la oposición real al morenovallismo.

 

Los pactos furtivos de los líderes priistas (Enrique Peña Nieto, Miguel Ángel Osorio Chong, Claudia Ruiz Massieu, José Antonio Meade, José Narro y otros más) con el entonces gobernador Rafael Moreno Valle, han provocado el desmantelamiento de estructuras y otorgado al partido una visión mercenaria.

 

Por incluir a Mario Marín en la operación de su campaña, Jiménez Merino terminó por excluir a quienes durante años vivieron al amparo del morenovallismo.

 

Ni para dónde moverse. Por eso, nada extraña que Leobardo Soto, líder de uno de los sectores del PRI, la CTM, haya resuelto sumarse con cualquiera que no sea Jiménez Merino. Otro dirigente, el de la CNOP, acabó en el gobierno como subsecretario: José Luis Márquez. Y ahora, hasta la cenecista Maritza Marín decidió abandonarlo.

Hay que ver que hoy el PRI de Puebla no tiene diputado federal, menos senador. Tiene una posición en el Cabildo de la capital y 4 legisladores locales, de los cuales pronto quedarán tres.

 

Jiménez Merino políticamente está acabado en esta campaña. Todavía nadie de su partido se lo ha dicho. Asistir a un acto de proselitismo es como ir a un velorio de cuerpo presente.

 

Seguro tiene mucha responsabilidad por haber integrado al marinismo como estructura de su campaña, sobre todo por las órdenes de aprehensión que pesan sobre el jefe Mario, a causa del caso Lydia Cacho.

 

Sin embargo, el PRI desde el 1 de febrero del 2011 es un alma en pena que va jalando vergüenzas.

 

Y ante eso, ningún antídoto. El poblano no irá con un Godínez en esta campaña. Hasta la cobija se llevaron los priistas a otros partidos para evitar arropar a su muchacho.

 

Lo peor tampoco está por venir. Ya está aquí.

 

 

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