Puebla, conejilla electoral de AMLO

Por Alejandro Mondragón

 

Puebla se convirtió, sin dudarlo, en la conejilla electoral del país para exhibir la muerte de los mapaches y el abstencionismo.

 

El presidente Andrés Manuel López Obrador lo dejó en claro: en Puebla no ganó Morena y su candidato Luis Miguel Barbosa, porque hubo un “monumental fraude” desde las estructuras del poder.

 

Ahora se recurre al árbitro nacional que es el INE, se formalizan acuerdos de cero injerencia gubernamental con programas y acciones en cumplimiento con la veda electoral.

 

Y el propio José Agustín Ortíz Pinchetti, titular de la Fepade, afirmó que un gobernante como Guillermo Pacheco Pulido cierra el círculo para garantizar unos comicios sin mancha.

 

El mismo Pacheco podría pasar a la historia como el gobernante que sí respetó la voluntad popular. En seis meses lograría lo que otros jamás quisieron asumir en un sexenio.

Desde el fraude patriótico a Ricardo Villa Escalera con Guillermo Jiménez Morales, hasta los algoritmos que volteaban de madrugada las elecciones con el morenovallismo.

 

También está claro que el resultado electoral en Puebla servirá para confirmar que en 2018 se le arrebató con estructura y mañas la gubernatura a Morena con la complicidad de las autoridades locales.

 

Quitarles a los gobernadores los controles que siguen teniendo de los Organismos Públicos Locales Electorales, es otra apuesta. Su desaparición parecería inminente.

 

El lenguaje corporal de las elecciones de este año se observa nítidamente en Puebla. Experimentar el juego limpio, controlando estructuras y aislando al poder de la tentación de meter mano.

 

Está claro que partidos como el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano saben de lo que se trata ya, por lo que han asumido una postura beligerante de acusar, sin aportar prueba, porque dice la máxima de la política: calumnia que algo queda.

 

“Me canso, ganso que se acabaron los fraudes electorales”, expuso en su última visita a Puebla, López Obrador.

 

De ahí su reforma política que inició en derecho con tipificar como delito grave el fraude y de hecho con entregar al INE y la Fepade el control de los comicios a los ojos de todos.

 

El punto clave será la participación ciudadana en las urnas con una estimación que fluctúa entre 47 y 50 por ciento, lo cual sería una buena señal para el caso de Puebla y el arma propagandística para las intermedias federales del 2021.

 

 

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