Los calvarios de Sánchez Cordero

Por Valentín Varillas

 

El primer trago amargo que vivió Olga Sánchez Cordero, en su debut como jefa del gabinete federal, fue darle la cara a su amigo, Rafael Moreno Valle Suárez, durante los funerales de su hijo y su nuera, en un momento de altísima polarización política en Puebla, después del fallo de los magistrados del Tribunal Electoral Federal de la elección para gobernador en el estado.

López Obrador fue durísimo en sus declaraciones en torno al resolutivo de la máxima autoridad electoral en el país, llegando a declarar que no vendría a Puebla por no estar de acuerdo con la confirmación de Martha Érika Alonso como jefa del ejecutivo estatal.

Lo cumplió a cabalidad al no asistir a la toma de protesta del 14 de diciembre pasado, pero sumó un agravio adicional al cancelar, de último minuto, la asistencia del Secretario de Educación Pública federal, Esteban Moctezuma, quién originalmente acudiría al evento con la representación presidencial.

A la par, el discurso de la entonces gobernadora hablaba de inclusión, de dejar atrás los saldos de la contienda electoral, invitando al mismo tiempo al presidente a realizar un trabajo conjunto a favor de Puebla y los poblanos.

La indiferencia absoluta, fue la contundente respuesta del mandatario.

Por eso, en términos de la relación entre niveles de gobierno, la situación no pudo ser peor al momento en el que ocurrió la tragedia.

La Secretaria de Gobernación tuvo que entrar al quite, después de que el presidente  decidió no asistir a la ceremonia luctuosa llevada a cabo en la Plaza de la Victoria el pasado 25 de diciembre, a pesar de que se trataba de la muerte de una gobernadora en funciones y de un senador de la República.

La ausencia de Andrés Manuel no fue una sorpresa para la élite morenovallista.

El propio López Obrador se lo hizo saber a Moreno Valle Suárez vía telefónica, cuando le manifestó sus condolencias.

La intermediación para lograr la comunicación corrió a cargo del senador y ex gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, gran amigo de la pareja poblana fallecida en el accidente.

Por todo esto, Sánchez Cordero vivió horas aciagas en Puebla aquel día de Navidad.

Los gritos y descalificaciones de un sector de los asistentes al funeral de estado calaron muy hondo en su ánimo.

Hubo desdén e indiferencia tales, que faltó muy poco para que se quedara al margen de la guardia oficial alrededor de las urnas que contenían los restos de Martha Érika y Rafael.

Tuvo que ser el ex gobernador Gali el que la tomó del brazo para guiarla hasta el lugar en donde ya se encontraba el círculo más íntimo de la pareja.

Poco después, vino la prueba más difícil, la del pésame personal a los padres de Rafael.

Fue ahí donde flaqueó.

Después de escuchar un “estamos devastados” del padre de Moreno Valle Rosas, la secretaria intentó convencerlo de que había hecho esfuerzos para lograr un acercamiento entre el presidente y la gobernadora.

Juró que había hablado con ella el viernes anterior a la tragedia y que existían bases sólidas para pensar en una pronta visita de López Obrador a la entidad.

Con la enorme presión del entorno a cuestas, llegó a sugerir que haría un esfuerzo, a medida de sus posibilidades, para generar las condiciones que le permitieran al PAN mantener el control del gobierno interino en lo que se llevaba a cabo la elección extraordinaria.

Esto último la conduce a su segundo calvario: el de mantener esta promesa en Puebla en medio de la negociación con Morena para designar a quien gobernará el estado los próximos cinco meses.

La postura de Sánchez Cordero ha sido rechazada de manera contundente por el ala más dura de Morena y por la propia dirigente del partido Yeidckol Polevnsky.

Falta, por supuesto, el acuerdo con Andrés Manuel, quien tendrá la última palabra en términos de la postura que asumirá la bancada mayoritaria en el legislativo local.

El caso Puebla dependerá también en buena medida de los temas nacionales que son de altísimo interés del presidente y que supondrán un intenso cabildeo con otras fuerzas políticas representadas en el legislativo federal.

El PAN, por supuesto, en primerísimo lugar.

 

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