16-11-2019 11:06:25 PM

Fallas en el sistema de salud ponen en riesgo a un menor

Por: Valentín Varillas

Creyendo en la honestidad del discurso oficial manejado por los gobiernos federal y estatal, Araceli Montiel Panecatl decidió llevar a su hijo Ricardo Zapotecas Montiel -de apenas 8 meses de edad- al Hospital para el Niño Poblano (HNP).

La madre del menor había detectado que éste tenía problemas al respirar, al grado de que en ocasiones su coloración se tornaba azul.

Después de meses de diagnósticos fallidos y por lo tanto, tratamientos inservibles, llegó por fin la detección acertada del problema: Tetralogía de Fallot, una cardiopatía congénita grave.

Era febrero de 2014.

La lógica más elemental supondría que, de acuerdo con la importancia del cuadro clínico, el niño recibiría de inmediato la intervención quirúrgica necesaria para salvarle la vida.

Sin embargo, ante el inminente inicio del proyecto de remodelación integral del hospital, el Dr. Roberto Alonso Maldonado, cardiólogo, prometió a Araceli que aprovecharían un convenio de colaboración con el Instituto Nacional de Cardiología, en la Ciudad de México, para que el menor fuera operado ahí de inmediato.

EPN inaugura del HNP

No fue así.

En el instituto, se limitaron únicamente a darle un tratamiento que en teoría mejoraría sustancialmente la salud de Ricardo.

Evadían de manera sistemática el tema de la operación, a pesar de que coincidían con el diagnóstico realizado por el cardiólogo del HNP y con la necesidad de recurrir a la intervención quirúrgica como único método garantizado para la cura del menor.

Las consultas fueron programadas con una frecuencia de hasta dos veces al mes, a lo largo de casi un año.

Araceli tuvo que correr con la totalidad de los gastos generados por sus constantes viajes a la capital.

Cansada de no recibir solución y motivada porque las obras en el Hospital para el Niño Poblano habían terminado, buscó nuevamente que su hijo fuera operado ahí.

La publicidad no podía ser mejor:

El nuevo HNP era considerado por el presidente Peña y el gobernador Moreno Valle como un hospital de “vanguardia”, que cuenta con “equipamiento de última tecnología”.

Así se repitió hasta la saciedad en la ceremonia oficial.

Con la confianza de que en la institución poblana de salud tenían ya antecedentes sobre la enfermedad de Ricardo y la necesidad de operarlo urgentemente, Araceli pensó que no tendría ningún problema y que por fin, su hijo iba a ser atendido de acuerdo a la gravedad de su enfermedad.

No fue así.

Para su enorme sorpresa y gran angustia, en el HNP empezó a recibir un trato similar al que había padecido en el Instituto Nacional de Cardiología.

Largas y más largas y jamás una fecha concreta para realizar la intervención.

Y así, hasta hoy.

A la par, en este larguísimo período de tiempo, la salud de Ricardo se ha ido deteriorando sistemáticamente.

El menor presenta ya crisis de cianosis y sufre de falta de oxígeno casi permanentemente.

Además, por el tiempo perdido y la gravedad del cuadro clínico, la operación será mucho más complicada de lo que hubiera sido de haberse realizado inmediatamente.

De locos.

A la fecha, no se sabe a ciencia cierta el por qué de la negativa de ambas instituciones públicas de salud a realizar el procedimiento.

La espera y la angustia continúan.

Historias como ésta echan por tierra el discurso oficial en materia de salud y nos muestran la cara más ruda de un supuesto beneficio social que en los hechos no lo es tal.

Si cientos de millones de pesos invertidos en mejorar la infraestructura y servicios en la materia no sirven para salvar la vida de un niño con las características de Ricardo, es fácil concluir que semejante esfuerzo ha sido totalmente en vano.

No ha servido en los hechos.

abajovale

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