22-05-2022 09:43:42 PM

Anaya y las razones de la traición a Moreno Valle

Por: Valentín Varillas

Sucedió el 20 de noviembre pasado, por la tarde.

Al teléfono privadísimo de Rafael Moreno Valle llegó una llamada urgente de su operador en el PAN, el diputado federal Eukid Castañón.

El tema era grave, muy grave.

Ricardo Anaya y su grupo intentarían darle un madruguete al gobernador poblano un día después, cuando diera inicio la XVIII Asamblea Extraordinaria del PAN, modificando los estatutos del partido para eliminar la obligatoriedad de renuncia del presidente del CEN blanquiazul en caso de que éste quisiera competir por un cargo de elección popular.

El acuerdo original consistía en eliminar ese candado para los presidentes estatales del partido que tuvieran proyectos políticos con posibilidades de triunfo –la mayoría de ellos “cómodos” ya que resultaron electos a través del proceso de infiltración de los padrones de militantes- y así minimizar el riesgo de fractura, garantizando de paso que la estructura de operación electoral cerrara filas a su alrededor.

Jamás se habló de que este beneficio se aplicara también para el líder nacional.

De aprobarse, lo anterior significaba que Anaya tuviera una ventaja importante en la carrera por la candidatura presidencial del 2018, en detrimento de las aspiraciones de Moreno Valle.

ANAYAEl tema era tan delicado que el mandatario decidió modificar radicalmente su agenda para atenderlo “personalmente”.

Inmediatamente montó en el Agusta con rumbo a la ciudad de México y en menos de media hora estaba ya en las oficinas centrales del partido.

Fuentes cercanas al líder blanquiazul cuentan que lo primero que hizo el poblano fue pedir que lo dejaran solo con Anaya.

Así lo atestiguaron personajes como Santiago Creel, Ernesto Ruffo Appel y Luis Felipe Bravo Mena.

Y fue de esta manera como se dio un encuentro breve, mucho más de lo que pudiera haberse pensado, en términos de la importancia de los asuntos a tratar.

Juran que Moreno Valle salió de ahí tranquilo, con la satisfacción que da ver cumplida una misión.

Que en contraparte, a Anaya se le veía de un color amarillento, casi pergamino y que en rictus tenía marcada la inconfundible expresión de quien acaba de ser humillado.

Cuentan también que los tonos utilizados por el gobernador fueron “muy elevados”.

Que las formas distaron mucho de ser consideradas como las más adecuadas en términos de la más elemental cortesía política.

Algunos van más allá y se aventurar a asegurar que los epítetos fueron de antología.

Que inclusive una amenaza de “destitución” fulminante, aprovechando el control del padrón de militantes, flotó peligrosamente en el ambiente.

Para resumir: el estilo y las maneras de todos conocidas.

Con el sello de la casa.

Al final, Moreno Valle decidió no acudir a la Asamblea.

Su ausencia llamó mucho la atención por tratarse de una las figuras de mayor peso específico al interior del PAN.

Los lugares de privilegio en el evento partidista le fueron asignados a enemigos reales y potenciales de Rafael en Acción Nacional : Felipe Calderón, Margarita Zavala, Santiago Creel, Josefina Vázquez Mota y el propio Ricardo Anaya.

La modificaciones aprobadas al artículo 48 de los estatutos del partido -la manzana de la discordia en esta disputa- acabaron siendo un salomónico empate.

Por un lado, Anaya ganó ya que pudo ampliar su permanencia en el cargo si decide competir por un cargo de elección popular.

Antes, tenía que renunciar al momento en el que la autoridad electoral definía el inicio formal de un proceso electoral.

Ahora, lo tendrá que hacer al momento de registrarse.

En el caso de Moreno Valle, pudo impedir que Anaya se beneficiara de una muy conveniente dualidad al ser líder del partido y candidato al mismo tiempo.

Sin embargo, es evidente que para el grupo cercano del presidente del CEN panista, las heridas provocadas por aquel encontronazo siguen abiertas.

Que las humillaciones sufridas, de plano no se olvidan.

Que el novel dirigente tuvo una visión futurista de lo que puede esperarle si Rafael crece políticamente y que el escenario de plano no le gustó.

Dicen que en la política, como en la vida misma, la venganza es un plato que se sirve frío.

En el caso de Ricardo, la oportunidad de vendetta le llegó en tiempo récord.

Apenas dos meses después de la afrenta, utilizó todos los recursos a su alcance para abortar la alianza PAN-PRD en Puebla, fundamental en la estrategia electoral del gobernador.

Y de paso, debilitar el tan anhelado proyecto presidencial

Una carambola de varias bandas, según los estrategas de quien puede ser ya etiquetado como uno más de los enemigos del morenovallismo.

Lo dicho: llegó ya la feria de las traiciones.

Y lo que falta.

abajovale

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